En todos los ríos del Paraguay es posible encontrar tilapias –o más precisamente Tilapias del Nilo o Tilapias Plateada–, peces de origen africcano distribuidos como especie exótica en nuestro territorio. También es posible hallarlos nadando en la pileta que se encuentra en Paresa, la planta embotelladora de Coca-Cola en Paraguay. Allí, los peces nadan en el agua que proviene de la planta de tratamientos de efluentes –que es una parte de la embotelladora–, lo que los convierte en una demostración irrefutable de que el agua tratada –previamente utilizada para la elaboración de productos– es apta para la vida.

Las tilapias funcionan como una suerte de test biológico, dice Astrid Brunetti, Jefe de Medio Ambiente, Calidad y Desarrollo Sustentable de Coca-Cola – Paresa. “A la pileta con peces va el efluente tratado antes de pasar al arroyo. Así, comprobamos que el agua que tratamos es perfectamente compatible con la vida acuática”, agrega. Claro que antes de tomar contacto con las plateadas tilapias, el agua ha atravesado múltiples controles que confirman que reúne todos los requisitos –tanto los legales como los que impone la propia Compañía– necesarios para permitir su regreso al medio ambiente.

Son aproximadamente 40.000 los metros cúbicos de agua al mes - unos 1.600 metros cúbicos por día- los que Paresa devuelve al arroyo Mbocayaty (también conocido por los vecinos como “arroyo seco”) luego de ser tratados mediante modernas técnicas de tratamiento de efluentes que eliminan los componentes orgánicos y las sustancias químicas procedentes del proceso de elaboración de sus productos.  

“El compromiso de Coca-Cola con el cuidado del agua es, primero, ser responsable. Para ello cumplimos con prácticas de manejo de este recurso natural y seguimos los respectivos planes de minimización para evitar el aumento del consumo–explica Astrid–. El objetivo principal de la planta de tratamientos de efluentes es verter al curso de agua natural un agua de excelente estándar de calidad que sea compatible con la vida acuática.”

60 minutos en la planta de efluentes

Tan sólo una hora se requiere para que los efluentes industriales y sanitarios que genera el funcionamiento de Paresa se conviertan en agua limpia y de calidad. En esos escasos 60 minutos tiene lugar la implementación de una larga cadena de procesos. “El tratamiento se inicia en el pozo de bombeo donde convergen las cañerías de efluentes industriales y sanitarios. Desde allí se bombean hasta la pileta de ecualizado en donde se produce una mezcla perfecta, de manera de homogeneizar la calidad del efluente a tratar”, relata Astrid.

Los siguientes pasos implican –en forma muy resumida y esquemática– el pasaje del líquido a través de biofiltros, en donde microorganismos se encargan de degradar la materia orgánica; el paso por piletas de reacción con lodo activado constituye una segunda etapa de degradación; a continuación vienen el sedimentador, el espesador y el filtro de bandas, los que permiten separar el lodo y del efluente final. “El efluente final tratado luego de un proceso de clorinación para depurar cualquier carga de microorganismos, va a pasar al arroyo que está lindante a la planta”, completa Astrid.

Camino al arroyo están las tilapias, que certifican con su vivacidad habitual que el agua es compatible con su vida (y la del resto de los seres vivos acuáticos). Antes, ha tenido lugar un extenso proceso de evaluación de la calidad del agua, que corre en paralelo al tratamiento de los efluentes. “Desde que ingresa el efluente a la planta se hacen controles, ya sea de la carga inicial como de la carga orgánica de los procesos a medida que van pasando las etapas. Y también hay controles antes del vertido, pues el efluente tratado es muestreado para asegurar que cumpla con todos los parámetros exigidos por la legislación y por la Compañía Coca-Cola”, precisa Astrid.

Estas acciones se enmarcan en la visión de la Compañía –que adhiere a la resolución de la ONU que establece que el agua es un derecho universal–  y su compromiso –asumido en 2007– de reabastecer a la naturaleza y a las comunidades el 100% del agua que utiliza en sus productos y procesos productivos para 2020. De hecho, a nivel mundial la meta se alcanzó en 2015, cinco años antes de lo proyectado y se está camino a lograrlo en varios países de forma individual.

En Paresa entienden que todavía existe un margen para seguir creciendo en términos de sustentabilidad, y la posibilidad de implementar procedimientos que permitan reutilizar parte de los efluentes tratados se encuentra en el horizonte. “Los proyectos a futuro que tenemos apuntan a que toda el agua que se utilice acá en la planta, ya sea para actividades de limpieza o dosificación de insumos, sea reutilizada luego de ser tratada para otros procesos", concluye Astrid.