Al momento de disfrutar de un sabor, el paladar de las personas cumple un rol fundamental. Pero no se trata de una sensibilidad estanca e inmutable sino que está en constante desarrollo. Así se desprende de un estudio realizado por la Agencia de Innovación Alexandría realizado a pedido de Coca-Cola en Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Perú.

La principal conclusión de esta investigación es que el paladar de las personas está en permanente evolución  y desde su más tierna infancia por la influencia de diversos factores, como las propuestas que ofrece la industria y la información circulante. “Todo el marco de valores de la sociedad en la que vivimos impacta en cómo percibimos productos y sabores”, explicó a Journey Alejandra Remaggi, investigadora de la consultora, durante el lanzamiento de Coca-Cola Sin Azúcar.

Esa evolución del paladar se da cuando el individuo encuentra un nuevo equilibrio que se apoya en tres ejes: el sabor de algo nuevo que probó y disfrutó; el “sentido de la vida”, es decir, al modificación en su preferencia de consumo hacia productos que se adapten mejor a su estilo de vida; y, finalmente, el “contexto de consumo” determinado por amigos, familia y grupos de pertenencia.

Por otro lado, el proceso de aprendizaje a un nuevo sabor implica gradualidad,  acostumbramiento y repetición. De hecho, para adoptar un nuevo sabor se lo debe probar entre 9 y 14 veces.

Similitudes y diferencias en la región

Las características de cada país son determinantes en la trasformación del paladar, sobre todo por las materias primas que ofrece la naturaleza de esos lugares. “Tampoco hay que descartar los productos más populares que cada familia pone en sus mesas, los alimentos que se consumen en los diferentes entornos del individuo y sus precios”, enumeró Alejandra. Y agregó que el paladar no tiene rumbo fijo de evolución: “Es influenciable por diversos factores, entre ellos la oferta, que juega un rol clave y es la que propone el primer paso. Luego, el consumidor dispone”.

Según el estudio de Alexandría, el paladar de nuestra región no muestra grandes diferencias entre países aunque sí se comprueban algunas particularidades. Por ejemplo, Bolivia y Paraguay (en ese orden) son las naciones que mayor preferencia tienen por el dulzor; y lo mismo sucede con los más astringentes. En cambio, con sabores amargos e intensos existe un nivel promedio de aceptación en todos los países de la región.

El paladar paraguayo se consolida como uno de los más variados de América del Sur ya que es el que mayor aceptación de sabores tolera. “Se caracteriza por ser muy versátil y muy intenso. De las evaluaciones que hicimos podemos concluir que no hay resistencia a sabores dulces, amargos y astringentes. El paraguayo suele elegir productos bien marcados, bien intensos”, destacó Alejandra.

Según precisa el informe, “el consumidor paraguayo siente a las bebidas en general un poco menos dulces y al té como un poco menos amargo de lo que le gustaría. Y juzgan a las bebidas como significativamente menos ácidas que el resto. Se trata del paladar que acepta más extremos dentro de las variables del gusto propiamente dicho”.

El informe también se señala que es posible generar políticas para cambiar los hábitos del paladar. Eso sucedió con la reducción de sodio en el pan chileno y, para poner un ejemplo local, con la eliminación de grasas trans de los tradicionales chipás paraguayos, una iniciativa de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Nacional del Este en conjunto con una empresa del sector. Según indica el estudio, “el objetivo en Paraguay fue ofrecer una versión saludable de un producto altamente popular elaborado en base a aceite de girasol con contenido de ácidos grasos, oleicos y esteáricos, a fin de evitar el uso de grasas trans. Es decir, la nueva versión no reemplaza a la versión original, sino que convive con ella”.

En definitiva, y en eso reside una de las conclusiones más destacadas del informe, el trabajo en conjunto de los actores de un país –industria, Estado y consumidores, entre otros- puede lograr cambios significativos en el paladar de las personas, que finalmente se decantarán por productos que les aporten aquellos beneficios que mejor se adapten a su estilo de vida.