Paresa, embotellador de Coca-Cola en Paraguay, apoya el proyecto de la Fundación Tierranuestra con la donación de computadoras para niños y adolescentes que no pueden acceder a dispositivos electrónicos.

Con la llegada de la pandemia y el sistema educativo volcado hacia lo digital, la ingeniera en Ecología Humana Sofía Franco supo que las clases presenciales de música del programa “Sonidos de la Tierra” iban a suspenderse por un buen tiempo. Frente a ello, decidió poner manos a la obra para que la distancia no fuese un obstáculo: así nació el programa “Angirũtech”, que traducido del guaraní significa “amigo de la tecnología”.

La iniciativa, que se lanzó en agosto, busca conseguir los recursos necesarios para acortar la brecha digital y mejorar el proceso educativo de miles de estudiantes paraguayos que no tienen acceso a la tecnología, no solo para el aprendizaje de la música sino también en lo que respecta a la enseñanza básica y media. El programa apela a la solidaridad de empresas, socios estratégicos y a la ciudadanía en general. 

“Todos nos pusimos a pensar cómo podíamos ayudar a las familias y trabajar con las comunidades para paliar esta problemática; y ahí nace la idea de hacer una campaña para recurrir a nuestra gente solidaria y pedir equipos como tablets, computadoras y celulares que quizás estén en un cajón y que pueden cambiar la realidad de muchas personas”, explica la ingeniera.

 Sofía Franco, creadora y coordinadora del programa “Angirũtech”, recibe la donación Paresa.


Esta acción se enmarca en el programa “Sonidos de la Tierra”, un proyecto de la Fundación “Tierranuestra” que busca transformar la vida de miles de niños y jóvenes del Paraguay a través de la música, llegando a decenas de comunidades vulnerables de todo el país.

¡Y vaya si los paraguayos respondieron con su espíritu solidario! Para apoyar la iniciativa, Paresa -embotellador de Coca-Cola en Paraguay-donó 20 computadoras que serán destinadas a las comunidades vulnerables con las que trabaja “Sonidos de la Tierra”. “Estamos en casi 70 comunidades del país; entre ellas zonas del Chaco, la Chacarita, de Bañado, departamentos muy pobres del país como Caazapá y San Pedro”, detalla Sofía. 

La música y el desafío de acercar la educación

En las clases de música del programa “Sonidos de la Tierra” -que generalmente se imparten de manera presencial los sábados en una escuela de cada comunidad o en la sede de la municipalidad local- no solo se enseña educación musical: también se busca que los jóvenes aprendan valores y apoyarlos en su formación socioemocional.

En conversación con Journey, Sofía cuenta que hubo dos episodios que la marcaron para diseñar este proyecto e impulsarlo a puro pulmón. Por un lado, el caso de un estudiante del programa “Sonidos” de Caaguazú que debía compartir con su hermano el teléfono celular de la madre para poder tomar las clases virtuales de música.

“Es un chico muy dedicado, excelente alumno. Tenía que ir hasta el centro de la ciudad para poder descargar todos los materiales para su clase de música y de la escuela. Aún así, no dejó de lado nada y siempre tuvo buenas notas”, apunta Sofía.

El otro caso se remonta a una familia de San Lorenzo, en las afueras de Asunción, donde 11 hermanos dependían del teléfono de sus padres para poder tomar las clases de música y de la escuela. “Angirũtech” los ayudó con equipos para poder seguir adelante sin dificultades.

“Me acuerdo de sus caras de felicidad por haber recibido por fin un celular para poder tener sus clases. No solo eso, sino que uno de los chicos decía ‘voy a compartir esto con mis hermanos, vamos a ayudarnos, organizarnos, usar entre todos’, era esa actitud de bondad que no se pierde en los niños y jóvenes”, reflexiona Sofía con emoción.

Según datos proporcionados por Tierranuestra, 8 de cada 10 niños y adolescentes no pueden acceder a equipos tecnológicos para recibir clases. “Esa es una realidad que se visualizó en comunidades vulnerables. Nosotros estábamos llegando a 2.500 niños y 1.000 de ellos dependían de otros familiares para poder acceder a los dispositivos y no solo a sus clases de música, sino a las clases académicas”, agrega Sofía.

“Me siento muy sensible ante esta situación… no tengo los recursos como para darle a todos estos niños un celular, pero ‘Angirũtech’ es lo que puedo hacer desde el lugar donde estoy y agradezco por eso. Tierranuestra me preparó y me dio este desafío para llevar adelante, y lo llevo como bandera y con todo mi esfuerzo y cariño de corazón”, concluye la joven.