Desde hace 20 años los vecinos del barrio San Blas, en la ciudad de Capiatá, eligen el almacén Elisa. El encanto de este acogedor local es, precisamente, su dueña: Adelina Aguilera, que recibe a los clientes l almacén como si fueran de su propia familia.

En la actualidad, Adelina disfruta de un holgado pasar en su propia casa, junto a sus tres hijos y sus dos nietos. Todo lo que tiene lo consiguió a base de mucho trabajo. El camino no fue fácil pero las lecciones que le dejaron sus padres fueron cruciales para no claudicar. “Ellos siempre trabajaron vendiendo frutas en el Mercado 4 de Asunción. Después, yo también alquilé un salón y puse una despensa. Años más tarde, mamá y papá compraron esta casa y nos mudamos todos juntos. En ese momento yo ya me había separado y decidí abrir este almacén. Lo bauticé con el nombre de mi mamá: Elisa”, explica.

Sus primeros años como almacenera no fueron fáciles: “Para poder abastecer el local de mercaderías, sobre todo de frutas y verduras, iba todos los días al mercado en transporte público. En esa época aún estaban los famosos guardas -una especie de asistente del chofer-, quienes me ayudaban a subir mis pesadas cargas. Los pasajeros siempre me bromeaban: ‘señora, ¿por qué no se alquila un taxi carga?’”, recuerda entre risas. Actualmente, estos viajes los realiza con la camioneta de su actual pareja.

A pesar de que en este entonces el almacén registraba buenas ventas, de un día para otro Adelina tuvo que cerrar las puertas. Se declaró en quiebra a raiz de un viejo sistema de venta: las anotaciones en libretas. En otras palabras, por haber dado a crédito o fiado mercaderías sin control formal. Al ser imposible el recupero de dinero, no le quedó más remedio que salir del país en busca de un respiro económico. “Trabajé unos meses en Argentina, ahorré un poco y volví a Paraguay para continuar con mi despensa, nunca bajé los brazos”, recalca.

Las adversidades son para Adelina una oportunidad para tomar nuevos impulsos: “Cuando decidí emprender este negocio me propuse salir adelante, trabajar para poder mantener a mis hijos yo sola. Nunca dejé de luchar y de soñar. A veces la vida nos enfrenta a situaciones que parecen no tener salida, pero hay que superar los problemas y salir adelante”, explica.

Ese empuje es el que la llevó a inscribirse en el programa Emprendemos Juntas, desarrollado por Coca-Cola de Paraguay junto a la Fundación Paraguaya para ayudar a dueñas de tiendas de barrio a mejorar sus negociosEmprendemos Juntas, que el año pasado capacitó a 2.500 mujeres en el país, forma parte de 5by20, la iniciativa global de la Compañía Coca-Cola que tiene por objetivo empoderar económicamente a cinco millones de mujeres en todo el mundo para el año 2020.

“Justamente, una de las primeras recomendaciones que nos dieron en los cursos fue a no vender fiado a desconocidos. Ahora me cuido mucho más de eso, soy buena pero trato de poner un límite. También nos enseñaron a ahorrar y a tener nociones básicas de finanzas. Algunas de las cosas que aprendí ya las implementaba de forma empírica en mi negocio, como ordenar los pedidos y tener siempre ahorrado un dinerito”, asegura.

Esta emprendedora nata no teme a la competencia, sabe que sus clientes la eligen porque es amable y porque pone en práctica pequeñas estrategias; por ejemplo, tiene un horario flexible, abre de lunes a lunes de 7 a 23 horas, inclusive los feriados. “Muchas personas salen muy temprano a trabajar y llegan a su casa a altas horas de la noche, y nosotros estamos ahí para atenderlas. Los únicos días que cerramos son los primeros días de enero, cuando nos vamos de vacaciones a alguna playa del Brasil, el resto del año estamos al pie del cañón”, indica.

Despensa Elisa fue, es y será siendo el sustento de la familia de Adelina. De hecho, gracias a su negocio adquirió un terreno cercano a su despensa, donde construyó una casa que alquila y le genera un ingreso extra. “En el futuro me gustaría mudar mi despensa ahí, con góndolas vistosas y amplias. En eso estamos”, anticipa.