Nadie entendía por qué se acumulaban los residuos en el campus  de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Asunción. Finalmente no era por un descuido sino por una buena causa. Los estudiantes de las seis carreras de ese centro de estudios estaban participando en el programa de Competencia Ecológica, que busca promover e instalar prácticas de reciclaje en la sociedad de manera innovadora y dinámica. Esta iniciativa de separación de desechos, que contó con el auspicio de Coca-Cola Paresa, se celebró en el país por tercer año, aunque fue la primera vez que se desarrolló entre universitarios.

El resultado fue exitoso, con ocho toneladas de basura recolectada a lo largo de las diez semanas –de agosto a octubre- en las que se desarrolló la Competencia Ecológica. Cada sábado, los alumnos participantes en el proyecto acudieron al campus de la ciudad universitaria de San Lorenzo, en las afueras de Asunción.

Esta edición de Competencia Ecológica involucró a 1.500 personas de las seis carreras, aunque solo pudo ganar uno. La Asociación de Estudiantes de la Carrera Ingeniería Agroalimentaria fue la vencedora, tras conseguir almacenar casi cinco toneladas de basura. Una proeza que fue premiada con 1.000 dólares en bienes materiales. De todas maneras, se trató de una jornada en la que la comunidad fue la real vencedora, ya que el objetivo final de la iniciativa alentó a que todos tomen conciencia del cuidado del medio ambiente: la facultad, los recicladores y los alumnos.

Allí, más de 80 jóvenes, entre coordinadores del proyecto y voluntarios, se congregaron para pesar los últimos kilos de basura acumulados en los contenedores instalados en distintos puntos de la Universidad, para concienciar de la importancia del reciclaje. Con romanas y grandes bolsas llenas de desechos reciclables, los participantes fueron pesando los residuos para dárselos a los recicladores informales con los que habían contactado para que ellos pudieran venderlo y beneficiarse también de esta idea.

El proyecto alienta los aspectos sociales y de medioambiente. “Tratamos de ayudar a los recicladores informales que hay en todas las ciudades”, dijo a Journey Virginia Belén García, una de las coordinadoras de Competencia Ecológica, quien también destacó el impacto de esta acción a la hora de “reducir la cantidad de residuos que llegan al vertedero”.

Participar para tomar conciencia

Uno de los motivos que explican el logro de la iniciativa fue la comprometida concienciación de los jóvenes universitarios, que aceptaron participar como voluntarios o desde un puesto de mayor responsabilidad. Este es el caso de Ximena Bogarín, a cargo de uno de los contenedores y encargada de organizar a los voluntarios, contactar a los recicladores y fiscalizar el pesaje de la basura en cada recogida. “Ya participé en la Competencia Ecológica pasada (en los barrios), pero ahora acepté esta invitación muy contenta porque se trata de un proyecto maravilloso”, reconoció, y agregó: “me interesa mucho por todos los ejes en los que impacta: social, económico y ambiental”.

Ximena estimó que cada fin de semana los participantes obtuvieron unos 100 kilogramos por pesaje, que pasaron a manos de recicladores; para ellos, representó un aumento de sus ingresos mensuales. Celia Figueredo, una de las recicladoras que participó de esta acción, estimó que en la última recogida levantó unos 3.000 kilogramos, por la que un comprador -que se trasladó hasta el lugar- le pagó 1,2 millones de guaraníes. “Jamás llegamos 100 kilos en un día de reciclado en la calle; me va a venir muy bien porque tenemos que pagar nuestro camioncito”, confesó Celia.

Detrás de este proyecto está el economista y emprendedor medioambiental Carlos Jara, quien lo presentó en Alumni Engagement Innovation Fund 2015, un concurso organizado por el Departamento de Estado estadounidense que brinda apoyo a iniciativas que promueven soluciones innovadoras a problemas globales. “Queríamos  mejorar los hábitos a través de una competencia, de una conciencia práctica, con herramientas tangibles de reciclaje”, explicó.

También hizo foco en los aspectos sociales y ambientales del proyecto. Esta edición se logró salvar de la tala a 140 árboles; se evitó el uso de 300 kilogramos de petróleo; y se prescindió de la emisión de 1.170 kilos de CO2. En lo referente a lo social, Carlos contó que los residuos acopiados se los llevan recicladores que ya conocían de otros encuentros para ayudarles con sus ingresos.

Carlos se mostró contento con el resultado de esta edición y ahora busca nuevos retos para el próximo año. Su idea ahora es volver a los barrios, donde el impacto de esta iniciativa es mayor.