El joven futbolista se convirtió en un referente de la solidaridad paraguaya al preparar alimentos para quienes están en la primera línea de combate al Covid-19 y a los familiares de los pacientes que se encuentran internados.

Journey Paraguay.-

Fue un 3 de marzo. Juan Ignacio Masulli –reconocido como Nacho– lo recuerda bien. Se encontraba viendo televisión junto a su mamá, Mónica, atento a los  reportes que daban cuenta de las dificultades de los pacientes internados con Covid-19 y sus familiares.  

“Fue ahí cuando decidimos hacer algo al respecto para ayudar. Ese día, mi mamá fue al súper con su pareja, compraron cosas y empezamos a cocinar. Terminamos de preparar las viandas a eso de las dos de la tarde y fuimos al Ineram, uno de los hospitales de referencia. Había unas 50 personas, pero nosotros solo llevamos 30 platos. Por eso, ese fue también el día en el que decidimos que íbamos a seguir con las acciones”, recuerda Nacho.

Entonces se enfrentaron al desafío de encontrar la forma de que esa cadena solidaria no se cortase y pudiese autogestionarse. “Todo salía de nuestro bolsillo y no era sostenible. Entonces, hice un pedido en mi cuenta de Twitter para que las personas nos acerquen los ingredientes y podamos cocinar. La intención era que vean nuestros amigos y nos acerquen cosas; sin embargo, esto se viralizó. Y entonces todo tomó otra dimensión”, celebra el joven.

Desde ese pedido, Nacho y su familia lograron darle un impulso impensado a su trabajo solidario, que ha permitido asistir con miles de platos de alimentos a los hospitales de referencia contra el Covid-19, casi todos ocupados a tope de pacientes y de familiares que esperan su evolución en campamentos improvisados dentro de los predios de los centros de atención. Las viandas también llegaron a los médicos, enfermeras y el personal administrativo de los centros de atención.

Con el mismo espíritu que mueve a Nacho, Coca-Cola Paraguay coordinó acciones con el Ministerio de Salud Pública y la Cruz Roja Paraguaya para instalar puntos de hidratación en 12 hospitales de Asunción y el Área Metropolitana. La acción incluyó la entrega de más de 15.000 litros de productos, conservadoras y toldos.

La solidaridad de los paraguayos demostró una vez más estar presente cuando más se la necesita y el proyecto de Nacho y su familia es prueba de ello. Muchos acercaron insumos para preparar las comidas; otras personas se pusieron a disposición con su tiempo para cocinar con la mamá de Nacho, que es chef. Empresas y compañías canalizaron a través de la familia Masulli la materia prima para los alimentos. También colchones, toldos, prendas de vestir. Fue una suerte de tsunami solidario.

“Las donaciones no pararon de llegar, era increíble. Había muchísima gente que nos decía que no podía donar dinero o ingredientes, pero sí su tiempo. Me decían que podían poner su vehículo o cocinar también en sus casas. Desde ese momento nos empezamos a organizar y tener una red de logística. Empezamos con 30 platos y ahora llegamos a más de 2.000 platos diarios en 20 lugares”, festeja el joven.

La tarde del último 10 de abril, Nacho realizó un pedido solidario haciéndose eco de las necesidades en algunos hospitales, como de agua y hielo. Y Coca-Cola Paresa puso su grano de arena: a pocas horas, envió en uno de sus camiones con productos de hidratación y una conservadora enorme con hielo. Hasta el momento, Paresa colaboró con más de 1.000 litros de productos.

Su sueño, consagrarse en primera

El sueño de Nacho es ser futbolista profesional. Juega como delantero e hizo las inferiores en el club del que es hincha fanático: Libertad, al que se lo conoce como el “Gumarelo”. “Dedico mi vida al fútbol. Llegué a formar parte de la Reserva, aún no debuté en la Primera y estoy esperando esa oportunidad. Luego de Libertad a Sol de América y luego fui a Inglaterra por cinco meses, a un club de una división regional. Cuando volví en el 2020 ya inició la pandemia”, dice Nacho al hacer un recuento breve de su historia personal.

Las sensaciones de Nacho son encontradas, porque siente el agradecimiento sincero de quienes día tras día sobrellevan con resiliencia la desafiante situación en los hospitales. Asegura que le cala hondo cuando se anuncian los decesos y también festeja con los familiares cuando los pacientes reciben el alta médica. “Es una mezcla de emociones”, confiesa.

A raíz de la visibilidad de sus acciones, Nacho logró que se cubran otras necesidades básicas como electricidad y servicio de Internet en los campamentos donde están los familiares de los pacientes, ya que cada reporte médico llegue a través del teléfono móvil.

“Ser parte de esto me genera un sentimiento hermoso. Ver la cantidad de gente que está dando fuerzas, sumándose a la iniciativa. Me encanta ver a la gente que se une sin importar partidos políticos o clubes. Quiero decirle a la gente que se anime a ser parte de acciones positivas”, finaliza Nacho.