Conocen a los vecinos por su nombre, ofrecen un surtido variado de productos y nos salvan en cualquier emergencia, incluso en una inédita cuarentena. Quienes están a cargo de las despensas o kioscos se transformaron en esta pandemia en los héroes detrás del mostrador; sus negocios, en tanto, volvieron a convertirse en el corazón del barrio. Aunque a pequeña escala, representan el motor de la economía paraguaya.

Las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) emplean al 67% de la población económicamente activa, unas 2.000.000 de personas en todo el país, según estadísticas de la Asociación de Emprendedores del Paraguay. Pese a las dimensiones y fortalezas del rubro, se han visto ante el desafío de reinventarse para seguir de puertas abiertas.

Según datos del Ministerio de Industria y Comercio, del total de 263.106 Mipymes legalmente constituidas en Paraguay, 236.989 son microempresas –entre ellos 5.000 almacenes- que emplean entre 2 y 10 personas. Estos pequeños comercios facturan hasta 500 millones de guaraníes al año, unos 75.000 dólares. Aquí reside el núcleo de la economía paraguaya, en los pequeños emprendedores y comerciantes.

Desde el inicio de la cuarentena, a mediados de marzo, varias de las Mipymes tuvieron que suspender sus actividades. Para subsistir, las despensas o kioscos tuvieron que adaptarse y desarrollar el servicio de entrega a domicilio (delivery) o el de pickup, por el que el almacén de barrio recibe pedidos de los vecinos, quienes pasan a retirarlo por el comercio.

“Muchos clientes que volvieron a la despensa después de mucho tiempo se dieron cuenta de que estaba bien surtida. En los primeros días de cuarentena, todo el barrio fue a la despensa”, recuerda Luis Ibarra, Presidente de la Asociación de Almaceneros Minoristas del Paraguay, que cuenta con unos 450 socios.

Luis ve con buenos ojos la reapertura económica que trajo la implementación de la cuarentena inteligente en diferentes fases desde mayo pasado. Ante la nueva realidad, estima que el 70 u 80% de los almacenes opera ahora con normalidad. En este sentido, entiende que una de las claves ha sido que el cliente encuentra respuestas más rápidas en las despensas de barrio que en los comercios grandes: las Mipymes pueden mover su estructura de forma más veloz y readaptarse sobre la marcha.

Bruno Defelippe, Directivo de la Asociación de Emprendedores del Paraguay, asegura que las Mipymes fueron muy golpeadas con la pandemia, aunque remarca que tienen una fortaleza enorme a la hora de salir adelante: su resiliencia y creatividad.

“Por ejemplo, el verdulero que por la cuarentena dejó de vender en la calle, lo hace ahora a través de WhatsApp: recibe y entrega pedidos a domicilio. Eso es un ejemplo de cómo la necesidad hace a la reinvención”, opina Bruno.

Para Miguel Amarilla, Presidente de la Asociación de Micro y Pequeñas Empresas (Amype), conformada hace solo dos años, las despensas y quioscos se fortalecerán conforme pase el tiempo. “El almacén te puede vender dos cebollas, medio kilo de harina, 250 gramos de azúcar. Da esa opción de compra al menudeo que tal vez otras tiendas no. Esto de por sí crea una sinergia social y comunitaria”, reflexiona Miguel en conversación con Journey.

“La esencia de los quioscos y almacenes es la conexión social que tienen con su entorno, con los vecinos, con la comunidad. Reactivar este tipo de negocios va a ser un aliciente muy positivo para la sociedad y para la comunidad”, concluye.