En el corazón del Chaco paraguayo, a casi 400 kilómetros al norte de Asunción, la tierra se resquebraja, se parte en mil pedazos. Cada grieta es un clamor por recibir gotas de lluvia. La sequía que desde hace meses golpea a las comunidades indígenas de la zona tiene un fuerte impacto no solo en los casi inexistentes sistemas de distribución de agua potable, sino también en la misma naturaleza, que busca hidratarse de forma desesperada.

Setrini Colmán es el cacique del pueblo Sanapaná, una de las etnias que vive en una comunidad chaqueña llamada Karandilla Poty, en el municipio de Teniente Irala Fernández, al norte del departamento de Presidente Hayes. Allí el calor es seco y el suelo árido. El líder indígena, de 75 años, buscó toda su vida una mejor calidad de vida para los suyos y, en ese sentido, el acceso a agua potable forma parte de esa misión.

“Somos una comunidad de unas 80 familias. Yo estoy aquí hace 7 años, pero viví durante 25 en otras tierras cercanas. Cuando llegamos no teníamos nada pero pronto construimos las primeras casas, una escuela, tanques de agua”, cuenta Setrini, y se apresura en agregar: “Cuando empecé como líder luché para que los niños estudien y finalmente hoy eso es posible”.

La falta de lluvias y los incendios forestales impactaron en varias zonas del país, especialmente al Chaco, desde finales de julio hasta ahora. La sequía responde al fenómeno meteorológico conocido como La Niña, y los incendios surgieron como consecuencia, aunque muchos de ellos también fueron generados por el hombre.

Setrini fue uno de los caciques que recibió una importante donación de agua potable para su comunidad de Coca-Cola Paraguay a través de la Pastoral Social Arquidiocesana, que trabaja con los pueblos indígenas de la zona mediante una radio llamada “Pa’i Pukú”, como se lo conocía al Monseñor belga Pedro Shaw, que dedicó su vida a los nativos del Chaco. 

Para estas comunidades, que están dispersas en un radio de hasta 200 km, el agua potable es lo que marca la diferencia entre la vida y la muerte. Tradicionalmente, los indígenas van hasta los tajamares –pequeñas lagunas- para conseguirla, luego la hierven y la consumen. El problema es ahora que hasta estas fuentes se secaron.



“La sequía nos afectó mucho, no teníamos agua ni tajamar. Mediante un menonita ganadero de la zona conseguíamos agua, a través de un camión tanque. La sequía nos apretó, muchas familias no tenían qué comer, además la tierra no es productiva acá. Nos alimentamos de la caza, de miel”, dice Setrini tras recibir al equipo de Journey en esta distante comunidad.

Cecilio Setrini, hijo del cacique, explica que la comunidad subsiste gracias a los aportes de la sociedad civil local o de la capital del país, ya que el trabajo es escaso y generalmente se reduce a ser peones de ganaderos o a la apicultura. “Luchamos mucho para conseguir lo que tenemos. Por ejemplo, recién en dos años y medio logramos tener energía eléctrica. Estamos aquí desde el 2013”, relata.

Setrini Colmán vuelve a tomar la palabra y, para demostrar su espíritu empático, sostiene que lo que más le preocupa ahora son las comunidades que aún no recibieron ayuda. En Karandilla Poty la provisión de agua está asegurada por un buen tiempo gracias a esta donación y al aporte de los pobladores regionales. “Me siento más tranquilo porque nos hacen llegar más agua y alimentos”, confiesa el cacique.

El agua es vida

“Una de las consecuencias del fenómeno La Niña es la sequía y el Chaco está pasando por una situación delicada, grave, por la falta de agua y los incendios forestales”, detalla Miguel Kurita, jefe de Operaciones de la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN), en conversación con Journey.

Miguel añade que al menos 150.000 personas están afectadas por esta situación. Las áreas más afectadas son la cuenca del Río Pilcomayo —que separa a Paraguay de la Argentina hacia el noroeste—, el norte del Chaco y el Chaco Central, donde está la comunidad Karandilla Poty.

 “La necesidad de agua es tan grande que el apoyo de empresas tan importantes como Coca-Cola significan un evento de suma importancia. El agua es vida y sin ella la gente pasa por situaciones de mucho sufrimiento”, remarca Miguel.

Desde que comenzó la pandemia, Coca-Cola Paraguay estuvo atenta y cercana a dar respuesta con productos de hidratación a comunidades de todo el país, y ahora con la temporada de sequía e incendios reforzamos nuestro compromiso con agua. Para apoyar a los afectados por la sequía, la Compañía donó 140.000 litros de agua junto a la Pastoral Social Arquidiocesana. Los productos fueron embotellados exclusivamente por Coca-Cola Paresa para donaciones, y por ese motivo cuentan con un logo distintivo especial.

Por su parte, Ricardo González, coordinador de la Pastoral Social Arquidiocesana, cuenta que el agua se distribuye a través de las decenas de diócesis dispuestas no solo en el Chaco, sino en todo el país. “Cuando viene una situación de emergencia se activa esa red solidaria con el fin de asistir las necesidades más urgentes, en este caso el tema del agua”, afirma.

Ricardo celebra la iniciativa de la sociedad civil y de empresas que respondieron al pedido de ayuda para estas comunidades en situación vulnerable. Demuestra —dice— el espíritu solidario que caracteriza al paraguayo. “La alegría es enorme cuando encontramos personas, organizaciones y empresas que son solidarias y que viendo la necesidad toman la decisión de hacer estas donaciones”, concluye Ricardo.