El acceso al agua potable era un gran problema para la vida diaria en la comunidad rural de El Carmen, una bella y tranquila zona de Paraguay situada a unos 60 kilómetros de la capital. Cada día, tras la extenuante jornada laboral en la plantación de caña de azúcar o en la huerta, una fila de familias campesinas, en su mayoría mujeres, emprendía camino hacia el pozo de agua más cercano o hacia el río cargando con bidones, garrafas y botellas vacías. Tras recorrer los 400 metros de rigor, levantando tierra roja a cada paso, esperaban pacientemente su turno para el ritual cotidiano: cargar los recipientes con el agua necesaria para beber, higienizarse, limpiar la casa y cuidar de sus plantas y animales al día siguiente.

Así de dura era la vida en El Carmen para las más de 2.000 personas que viven en estas tierras húmedas y calurosas, y que carecían de agua corriente. "Era un sacrificio enorme, muchas veces los niños no contaban con agua y como no se podían asear, no iban a la escuela, que está lejos", relata Lourdes Duarte, integrante de la Fundación Dequení, que promueve la educación a niños y niñas que crecen en comunidades afectadas por la pobreza en Paraguay.

Pero la situación en la comunidad cambió radicalmente hace unos años, cuando se instalaron dos modernos pozos de agua que abastecen sendos tanques. A partir del proyecto “Juntos por el agua, unidos por la vida”, el recurso vital llegó finalmente por cañerías a los hogares de El Carmen por primera vez. De esta manera, se provisiona agua potable a las comunidades de Toro Paso, Loma’i e Itakua, gracias al esfuerzo conjunto de Coca-Cola Paresa, Fundación Dequení, Municipalidad de Arroyos y Esteros, Junta de Saneamiento Virgen del Carmen, Comisión Pro-Agua Ykua Sati y Comunidad de Toro Paso, Loma’i e Itakua.

"¡No te puedo explicar cómo nos alivió y nos sigue haciendo feliz!", exclama hoy Basilio Santa Cruz, un cañicultor de 60 años, al recordar el día en que el agua brotó desde la canilla de la cocina de su casa. Basilio, al igual que su hermano Genaro, fueron claves en la organización y la transformación de su comunidad, donde nunca habían llegado servicios públicos de agua y saneamiento.

"Ahora ya sobra un poquito de dinero a la gente porque podemos regar. Y también nos alcanza más tiempo a todos, y eso se nota en vida diaria. En lugar de ir a buscar agua, ahora al volver del trabajo podemos darnos una buena ducha. Con ese tiempo libre algunos pueden dedicarse más a la comunidad o a descansar", dice Basilio en una entrevista para Journey.

El resultado del trabajo comunitario

Lourdes explica que Dequení propuso a Coca-Cola financiar la infraestructura y participar en los trabajos de construcción junto a las familias de la comunidad y el apoyo de la Municipalidad.

“Se movilizó a toda la comunidad y gracias al trabajo en conjunto se pudo lograr. Fue un sacrificio que valió la pena, un sueño anhelado por muchos”, recuerda Lourdes.

También recuerda con claridad el día en que el agua comenzó a llegar a las viviendas y la gente lloraba de alegría. “Fue un día de fiesta. Desde entonces, la comunidad de El Carmen está muy concientizada en cuidar el agua y en su valor”.

Basilio explicó que cada hogar paga un mínimo de 15.000 guaraníes (unos 3 dólares) por mes, que es destinado al mantenimiento de las instalaciones y que puede aumentar mínimamente en caso de que se haga mucho uso del agua.

Hoy Basilio y Genaro, dedicados a la producción de miel de caña, toman cada tarde un tereré bien fresco sentados en su patio cubierto de mangos, naranjos y otros frutales. Para cargar el termo, solo tiene que caminar unos metros hasta la canilla de su cocina.