“Fue como si un tren chocara contra los planes que teníamos. De ahí en más, nuestro foco fue centrarnos en sobrevivir”. Así recuerda el empresario gastronómico Eliseu Clovis Muhl el día en el que se ordenó la cuarentena obligatoria, a inicios de marzo, para evitar la propagación del Covid-19. 

La crisis que se desató en el sector gastronómico obligó a muchos locales a cerrar sus puertas. Y a otros los puso ante el desafío de reinventarse para poder seguir adelante. Tal fue el caso de la churrasquería de Eliseu, O Gaúcho: uno de los restaurantes que consiguió adaptarse a la nueva normalidad -o, como la denomina el Ministerio de Salud, “al modo Covid de vivir”-. 

El local hace énfasis en el protocolo sanitario dispuesto por el Ministerio de Salud para la habilitación de restaurantes.

Reinventarse no es algo nuevo para Eliseu. “O Gaúcho nació de la crisis de 1999”, dice al explicar que —cuando en ese año fue desvinculado de una cadena de restaurantes— decidió emprender por su cuenta. Así, el 7 de mayo del 2000 abrió las puertas de su propio restaurante, ubicado en el barrio Recoleta de Asunción.

Eliseu es brasileño, del estado de Río Grande Do Sul. Llegó a Paraguay a inicios de los años ’90 para buscar nuevas oportunidades y comenzó a trabajar como mozo en Encarnación en 1993. Está casado con Eliane Kretschmann —quien lo acompaña todos los días— y tiene tres hijos.

Eliseu Muhl muestra el acceso al bufé de la churrasquería.

Su capacidad de reinvención y de sobreponerse a los desafíos siempre lo ayudó a no dejarse vencer. Y ante la pandemia, eso no fue la excepción. “Todos los días fue como empezar de nuevo: no sabíamos cuándo íbamos a abrir, cuánto tiempo más íbamos a estar cerrados. La meta era sobrevivir y no perder colaboradores”, narra Eliseu en una de las mesas del restaurante, en donde decenas de personas circulan con todas las medidas de seguridad sanitaria. 

El corazón del restaurante es su parrilla, con una variedad de carnes y chorizos.

El empresario debió reacomodar a su esquema de funcionarios, que son cerca de 70. Usó todas las herramientas que dio el Gobierno para cuidar de ellos, pero tuvo que suspender a un 30%. “Era obvio que no podía dejar a mis colaboradores sin seguridad social. A los suspendidos, algunos mayores de 65 años, no podía traerlos de vuelta a trabajar por disposición del Gobierno, pero para todos preparamos unos kits de alimentación básica”, cuenta.

Tras el impacto, Eliseu decidió que no podía perder tiempo. Inmediatamente, puso en marcha el servicio de delivery para sus productos y, con las semanas, usó uno de los espacios del restaurante para poner a la venta artículos alimenticios de primera necesidad. El bufé, esencia del local, pasó a ofrecerse a través de porciones para que el cliente pudiese llevarse la comida a casa.

Además del bufé y la parrilla, el restaurante se reinventó con un mercado en donde ofrecen todo tipo de alimentos.

Así pasaron tres meses, hasta que el Ministerio de Salud permitió la reapertura de los restaurantes. Con la mirada en retrospectiva, Eliseu celebra que la respuesta de los clientes de O Gaúcho -restaurante que pertenece a la cadena de valor de Coca-Cola Paraguay- fue positiva en todo momento.

La salud primero

Desde el 15 de junio, el restaurante volvió a abrir, pero con limitaciones: de los 450 lugares disponibles, el ministerio autorizó 138. Además, se sigue un estricto protocolo de seguridad sanitaria que comienza en la entrada, con el lavado de manos, la toma de temperatura y la obligación de usar mascarilla. 

El cliente recibe las carnes asadas sobre pedido. Y a la hora de ir al bufé, donde están las guarniciones y otras comidas, debe usar unos guantes que proporciona el local y sacárselos una vez que el recorrido termina. En cada mesa hay unas bolsas especiales para guardar los tapabocas mientras se come. Y también se lleva adelante un registro de trazabilidad de todos los clientes. 

¿Cuál es la perspectiva a futuro? Garantizar los cuidados sanitarios y esperar a más clientes, cuenta Eliseu, y señala que ofrecer sus productos a través de delivery y en el pequeño mercadito, además del restaurante, fueron algunas de las claves para superar la crisis. “La calidad no ha cambiado y la seguridad sanitaria siempre está en primer lugar”, concluye.