Se suele decir que Paraguay tiene solo dos estaciones: la del verano y la del tren. Es invierno, pero la temperatura va subiendo y el calor acaricia una mañana de sábado de junio en el asentamiento El Peñón, en Limpio, a unos 30 kilómetros del centro de Asunción.

Edita Giménez, presidenta de la comisión del lugar, llegó a este lugar desde Asunción junto a sus padres y sus cinco hermanos hace 26 años. Entonces, la situación era crítica: el acceso al agua potable, a la luz eléctrica y al transporte público era muy difícil. “Esta zona estaba casi desolada y la gente ya se estaba asentando. Ahora somos 83 familias, entre 400 y 500 personas”, relata.

Con el tiempo, Edita formó su propia familia y hace 10 años que vive con su esposo y sus tres hijos en El Peñón. Algunos de sus hermanos fueron a otros sitios pero ella se quedó en Limpio y en su casa tiene un pequeño taller de costura. También es Licenciada en Lengua Guaraní y enseña de forma particular, pero con las clases y las actividades suspendidas desde marzo, el trabajo mermó.

Hoy, El Peñón encontró su brillo. Poco después de 2012 surgió la posibilidad de trabajar con la ONG Techo, que no solo construyó viviendas en la zona sino también un centro comunitario de actividades y ejecutó un proyecto de educación para los niños del asentamiento.

Centro comunitario del asentamiento El Peñón de Limpio. 


“No fue fácil el camino, pero formamos un equipo con el que ayudamos  y luchamos mucho, con un gran esfuerzo”, afirma Edita a Journey dentro del predio del centro comunitario, una zona con el pasto tan bien cortado que parece una alfombra, y que cuenta con baños, alumbrado público, una pequeña cancha de fútbol, además de una cocina y comedor que llega a funcionar como aula.

Las dificultades nunca fueron un obstáculo para Edita. Todavía recuerda que, cuando llegó, muchos no creían en que El Peñón podía prosperar. “Cuando asumimos la comisión costó mucho porque la gente ya no confiaba, pero conseguimos la unión con los vecinos cuando veían que se hacían cosas buenas”, comenta.

Ante la llegada del Covid-19, ahora en ese centro comunitario se preparan ollas populares. La pandemia afectó especialmente a El Peñón porque allí la mayoría vive de sueldos diarios y, debido a la cuarentena sanitaria, muchos no pudieron salir a trabajar. Sin embargo, Edita no se quedó de brazos cruzados y junto a cuatro compañeras se sumó a la cocina del centro comunitario.

Edita Giménez prepara almuerzos y meriendas junto a otros vecinos de lunes a sábado. 

“En las ollas populares solemos preparar almuerzos y en las meriendas se toma cocido, acompañado de palito o chipitas. Depende de lo que tengamos a mano y de las donaciones que recibamos”, detalló. En este sentido, Coca-Cola Paraguay acompaña las ollas populares a través de Techo con la donación de bebidas para la hidratación de los vecinos.

Pero las ollas populares no fueron la única acción solidaria desde que empezó la pandemia. Techo, junto a Hábitat para la Humanidad y la Oficina Comunitaria de Arquitectura (OCA), instalaron 200 lavamanos en diferentes comunidades vulnerables del país. Edita se apresura a mostrar uno de los lavamanos que colocaron al lado del centro comunitario. En una de las paredes se puede leer Ejepohéi (lávate las manos). Allí también establecieron unos distanciadores hechos a base de tapas de botellas recicladas para delimitar la distancia y evitar la exposición al coronavirus.

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“Es importante el aporte de los voluntarios y de las donaciones. No recibimos ayuda de otros lados”, valora Edita, y agrega como reflexión final: “A través de la unión y la perseverancia logramos muchas cosas. Uno debe tener convicción. Mi mayor sueño es que mi comunidad se convierta en un lugar turístico en donde las personas puedan ver el desarrollo comunitario”.