Entrar a Tempo Restó Collection es casi un viaje en el tiempo: los 2.000 objetos de colección cobran vida cada tarde, cuando el restaurant abre sus puertas y las vitrinas se iluminan.

La vista y la mente se pierden en el sinfín de botellas de Coca-Cola, llaveros, aviones a escala, autos clásicos de marcas icónicas, bicicletas, tazas y juguetes que evocan cientos de anécdotas. “Desde muy chico cuidé mis juguetes. A medida que iba creciendo, apoyado por mi padre, me adentré en el coleccionismo: compré varios objetos por internet y en anticuarios”, explica a Journey Diego Kallsen, coleccionista y propietario del local, en el barrio asunceño de Herrera.

Inaugurado en agosto de 2019, Tempo Restó Collection comparte con el público estas reliquias y, a la vez, ofrece una experiencia culinaria con sello casero: “Mi mamá siempre se dedicó al mundo gastronómico. Fue entonces cuando, en una oportunidad, nos reunimos y propuse abrir este espacio”.

Cada tarde, Diego se encarga de recibir a los comensales, acomoda los objetos y se asegura que todo esté ordenado para que los clientes, en su mayoría familias y coleccionistas, disfruten del lugar, que también oficia de museo. Cada objeto de su colección lo conecta con situaciones, personas y alegrías. “Lo ideal es que cada vez que una familia ingrese al local pueda conocer las historias detrás de las exhibiciones”, dice.

“Nuestra verdadera misión es enseñar estos juguetes que ya no se fabrican más. Aviones en miniatura, lámparas, enseres, estatuillas, descorchadores y todo lo que represente algún símbolo de una época. Yo mismo me encargo de contar su procedencia”, explica el propietario.

Diego Kallsen, coleccionista y propietario del local. 

La reacción de los comensales, al volver a conectarse con estos objetos que tuvieron un valor en otra etapa de sus vidas, queda reflejada en sus miradas y en el interés al ver las antiguedades. “Lo que más me llamó la atención la primera vez que entré fueron los vasos Coca-Cola, tan comunes en mi niñez. Me emocioné mucho porque uno siempre quiere rememorar esos momentos felices de la infancia, de cuando compartíamos las meriendas o los almuerzos en familia”, explica Carlos Ayala, cliente y amigo de la casa, mientras señala un merendero que está expuesto en una repisa: “Es el mismo que yo llevaba al jardín”.

Además de ser un museo abierto a todo público, Tempo Restó Collection fomenta el reciclaje. “Como coleccionista siento la obligación de rescatar y restaurar las cosas. Tenemos, por ejemplo, bicicletas inglesas de la década de los ‘50 que las arreglamos completamente; o heladeras Coca-Cola de los ‘60 encontradas en yuyales y que ahora es posible apreciar su belleza”, asegura Diego.

“No queremos crear una lista de clientes, sino una de verdaderos amigos. Nos encantaría que esto se replique en otras ciudades del país y que el sueño nunca acabe”, concluye Diego, al tiempo que enseña el recipiente de la primera Coca-Cola dietética de vidrio fabricada en Paraguay en el año 1992.