Hilda Floridalma lleva adelante el negocio familiar de cultivo de palta Hass en la localidad de Panabajal. Esta variedad da frutos dos veces al año, por lo que lleva un proceso de producción diferente al resto.

Gracias al proyecto Agua por el Futuro, ejecutado en Guatemala por la Fundación The Nature Conservancy (TNC) con el apoyo de la Compañía Coca-Cola,  Hilda recibió diferentes capacitaciones de agricultura sostenible para cultivar paltas,  duraznos y papas con un formato de agroforestación que le ha permitido obtener el mejor resultado, en productos y en cuidado ambiental.

Hilda ha podido dejar sus labores de limpieza de casas y dedicarse exclusivamente a la siembra de palta, que luego vende a restaurantes o a pequeños comerciantes. El proyecto laha ayudado a poder mantener a su hijo y a su casa desde 2013.

Con el objetivo de conservar los recursos hídricos y financiar actividades sustentables, Guatemala intervino más de 512 hectáreas en lugares prioritarios de las cuencas de aguas a través del programa Agua por el Futuro –que apoya el fortalecimiento de los Fondos de Agua desde el 2013-. Este aporte se traduce en un estimado de 674.300 m3 de agua hídrica de la Ciudad de Guatemala.

Los recursos hídricos se encuentran entre los más preciados y, al mismo tiempo, entre los más frágiles del planeta. Son un elemento esencial para nuestra supervivencia, por lo que la Compañía Coca-Cola renueva día a día su compromiso con el reabastecimiento del 100% del agua que utiliza en la elaboración de sus bebidas y sus procesos productivos.

Esa meta se cumple a nivel global desde 2015, gracias a diversos proyectos de asociación comunitaria relacionados con el agua para restituir unos 248.000 millones de litros al año, con la ayuda de organizaciones reconocidas por sus métodos y técnicas científicas.

En Paraguay, la Compañía lleva adelante el proyecto de conservación de agua en la Reserva de Biosfera del Bosque Mbaracayú. El programa, que lleva adelante la Fundación Moisés Bertoni con el apoyo de la Fundación Coca-Cola y la Fundación Avina, se puso en marcha en el 2017 y logró el compromiso de 213 familias rurales: los agricultores reciben ayuda para mejorar la productividad de sus kokues (chacras) y la infiltración de agua de las lluvias en las napas subterráneas.