¿Qué clase de embrujo tienen los cuadros costumbristas de artistas, como los del paraguayo Jorge von Horoch, que parecen umbrales transportadores hacia una etérea realidad? Una realidad donde el tiempo no parece tener importancia, donde el kapi'i (paja) crece como regalo de Tupâ (dios de los guaraníes) para cobijar los techos de las casas, y donde el tajy esparce el perfume de sus flores a su libre albedrío.

Esa postal tan típica de la vivienda rural paraguaya, tantas veces inspiración de manifestaciones artísticas, celebran en realidad el conocimiento empírico de las mujeres y los hombres de campo, que edifican sus casas kuláta jovái (casa con galería en el medio) con elementos orgánicos, como agua, tierra, madera y paja; materiales disponibles en cualquier estancia y que son, también, principios básicos de la bioconstrucción.

El arquitecto Guillermo Gayo, al frente de Takuara Renda -referente nacional en permacultura y bioconstrucción-, hace honor a estos materiales y suma otros, concebidos bajo la tutela de su propia experiencia.

La bioconstrucción engloba el proceso de construcción con elementos naturales presentes en el entorno, tanto los inertes -la piedra, por ejemplo- como los vivos -los techos verdes-. “Las soluciones para un lugar natural tienen un mismo origen: la capacidad de disminuir el consumo de energía. Eso quiere decir que para edificar se debe tomar como base componentes biológicos disponibles”, explica Guillermo.

Si algo tiene claro el arquitecto es que no hay recetas escritas: cada caso es único y requiere de un estudio específico. “Lo más importante es considerar el efecto que ejercen en la zona factores como el sol, el agua, el viento y el sitio donde está asentado”, cuenta.

Estos saberes ancestrales se ponen en práctica en gran parte del país. Een la Reserva de Mbaracayú, por ejemplo, donde Coca-Cola de Paraguay, la Fundación Avina y la Fundación Moisés Bertoni llevan adelante proyectos de conservación de agua, varios productores de la región practican esta metodología de construcción, en armonía con su medio natural.

Guillermo compartió con Journey algunas recomendaciones a tener en cuenta a la hora de emprender un proyecto de bioconstrucción:

- Generar espacios habitables con los mínimos recursos y con la mayor flexibilidad posible.

- Construir los techos con materiales ligeros como el bambú, que demanda poca energía, es de rápido crecimiento y muy resistente.

- Revestir los techos con plantas.

- Crear espacios orgánicos basados en el modelo pentagonal o hexagonal.

- Levantar paredes con tacuarillas en forma de red y revocarlas con adobe (mezcla de tierra y agua).

- Decorar con materiales reciclados como vidrio y plástico, entre otros.

¿Cuáles son los beneficios de un hábitat orgánico?

- Respeta las condiciones físicas del lugar.

- Aprovecha los recursos del lugar y región.

- Abarata costos de construcción.

- Emplea tecnología simple y no requiere de grandes máquinas.

- Aprovecha el agua de lluvia depositada en los techos verdes.