Paraguay cuenta con una importante hidrografía compuesta por ríos, arroyos, cascadas y una inmensa red subterránea de agua dulce que riega todo el territorio nacional. Su riqueza natural le permite ubicarse en el puesto 150 del ranking del Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés), entre los países con menores niveles de estrés hídrico.  

Pero esta abundancia nos coloca ante un desafío: mejorar la gestión y conservación de los reservorios de agua dulce del país.

Journey conversó con los expertos en el tema: Yan Speranza, Director Ejecutivo de la Fundación Moisés Bertoni, y Paula Burt, Coordinadora Programática de Fundación Avina, para conocer los desafíos y estrategias que el país tiene por delante respecto a este tema. 

Yan considera que Paraguay tiene tres situaciones vinculadas al tema del agua: “El primero es la gestión: un 80% de la población tiene acceso a agua potable de red, pero incluso en esos casos eso no significa que ese recurso sea potable: puede pasar que el tratamiento de las fuentes de esa agua de red sea deficitario por falta de cloración por ejemplo. De hecho, ocurre muchísimo en los sistemas de agua a lo largo del interior del país”, explica.

Coincide Paula con esta mención, cuando explica que la Empresa de Servicios Sanitarios del Paraguay (ESSAP) sirve al 50% de los hogares que tienen agua corriente. El resto de la población accede al agua en sus hogares a través de “las juntas de saneamiento”, organizaciones comunitarias unidas bajo estatuto de autogobierno y elecciones libres, que se unen y perforan un pozo, montan un tanque con motor e instalan cañerías.

“Estos vecinos administran los servicios de agua, muchas veces, sin asistencia alguna de otros organismos. El desafío es enorme. Por eso, las principales estrategias deben apuntar a desarrollar sistemas sostenibles de gestión, inversión en recursos humanos y cooperación entre actores de la sociedad”, apunta Paula.

“Lo segundo –continúa Yan- es que sólo el 11% de la población tiene un sistema de alcantarillado, y un ínfimo 3% trata las aguas residuales. Esta situación tan deficitaria atenta contra los acuíferos por los procesos de infiltración de agua no tratada”, dice

Por último, menciona un tercer asunto: la erosión de los suelos que imposibilita la infiltración de las aguas en las capas subterráneas.

Yan Esperanza, Director Ejecutivo de la Fundación Moisés Bertoni, afirma que el principal problema que tiene el país respecto al agua es la gestión.

El último punto es precisamente el que aborda la Fundación Moisés Bertoni a través del proyecto de proyecto de conservación de agua en la Reserva de Mbaracayú, impulsado desde el 2017 con el apoyo de la Fundación Coca-Cola y Fundación Avina. Mediante la iniciativa, pequeños agricultores del departamento de Canindeyú —asentados en las proximidades de la reserva— se convirtieron en colaboradores activos para lograr conservar las napas subterráneas de la zona.

Paula Burt, Coordinadora Programática de Fundación Avina, considera que unos de los principales desafíos es atender la contaminación del agua.

Proyecto modelo para mejorar la infiltración

El proyecto en la Reserva de Biosfera del Bosque Mbaracayú genera un triple impacto: ambiental, social y económico. “El proyecto de infiltración de agua tiene como objetivo aumentar la recarga de los acuíferos, mejorando las prácticas agrícolas de más de 200 familias, en 300 hectáreas de parcelas por medio de siembra directa. Además de promover el cultivo de autoconsumo, la meta a largo plazo es que los suelos se mantengan fértiles y los bosques en pie, evitando el desmonte de otras masas boscosas”, explica Paula.