Impactado. Así quedó Stephan Schmidheiny -empresario y filántropo suizo, promotor de desarrollo sostenible en América Latina a través de varias ONGs- luego de pasear por los alrededores del arroyo de Mburicaó durante una visita a Paraguay, allá por el año 1997. Después de conocer el lago Ypacaraí y otras bellezas naturales del país, ese río contaminado por la sangre vertida por las empresas frigoríficas de la zona acaparó toda su atención. Inmediatamente, se puso en contacto con la Fundación Moisés Bertoni para comenzar a revertir ese problema. La historia fue revelada por el ingeniero Raúl Gauto, cofundador de la Fundación y testigo de estos primeros contactos, durante las charlas inspiracionales Gramo, auspiciadas por Coca-Cola Paresa.

La necesidad de poner fin a la polución del arroyo también se convirtió en una meta personal del entonces intendente de Asunción, Martin Burt, quien se conectó con la Fundación para encontrar una solución. Una vez descartado el traslado de los frigoríficos hacia otras zonas del país –lo que hubiera significado la pérdida de 8.000 empleos en la capital- el objetivo se centró en encontrar una iniciativa en la que todos ganaran y que estableciera un “nuevo paradigma de desarrollo sostenible”, explicó Raúl.

En esta búsqueda apareció Pablo Fernández, un ingeniero agrónomo chileno que había descubierto la manera de deshidratar la sangre y convertirla en polvo de alto contenido proteico para utilizarse luego como alimento de animales. Pablo es responsable de la empresa Lican Food, experta en esta modalidad de negocio, y que exporta el producto a los mercados asiáticos y latinoamericanos. De esta manera, el ingeniero chileno y la Fundación Moisés Bertoni avanzaron en los trabajos de limpieza del arroyo con esa conversión de la sangre en polvo, y así crearon Lican Paraguay.

Cambiar de paradigma

Los números de este exitoso plan son más que elocuentes: “Estamos recogiendo el 97% de la sangre que generan los frigoríficos de Paraguay –se procesan 14 millones de litros por año- y la estamos convirtiendo en un elemento inocuo y de riqueza. Todo este líquido podría ensuciar el lago Ypacaraí, ya que cada litro de sangre contamina 2.200 litros de agua”, explicó Raúl.

“La sustentabilidad es pensar fuera del contexto, desafiar lo imposible, eliminar la codicia de nuestra forma de vivir y pensar, tener un nuevo paradigma, articular con distintos sectores”, concluyó Raúl para demostrar a sus oyentes, jóvenes en su mayoría, que la sustentabilidad está al alcance de todos.

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