Los pobladores que viven en los alrededores de la Reserva Natural del Bosque Mbaracayú (RNBM), son conscientes que el bosque es sinónimo de dignidad y que forma parte de su identidad. Al mismo tiempo, saben que la conservación de ese hábitat les garantiza ingresos económicos sostenibles en el tiempo, desarrollo y salud.

Silverio Ramírez se asentó en estas tierras hace 38 años y junto a otros 200 productores forma parte del proyecto de producción de Yerba Mate bajo monte. Journey viajó a visitarlo para conocer de primera mano la experiencia.

La RNBM es administrada por la Fundación Moisés Bertoni desde 1991, pero pasaron varios años antes de que la Fundación lograra derribar los prejuicios sobre los beneficios del modelo sostenible y la explotación racional de los recursos naturales en las tierras de la reserva. Con la misma paciencia con la que las hormigas construyen su nido, los técnicos fueron casa por casa profesando el credo de la terra mater. Actualmente se desarrollan diversos programas que generan un impacto positivo tanto para productores locales y como para el medio ambiente.

“El proyecto no alienta a los productores a trabajar unidos, lo que nos permite obtener un ingreso extra, cosechando yerba mate bajo monte y cuidando de nuestra selva nativa”, afirma Don Silverio, quien divide su tiempo entre la reserva, la chacra y su familia.

Para Don Silverio, la Ilex paraguaiensis -yerba mate que crece en Paraguay- tiene un mejor rendimiento en su ambiente natural boscoso. “Cuando se planta en forma masiva se seca más rápido y el suelo pierde sus componentes”, señala, mientras invita a un recorrido por un largo sendero de árboles, donde el olor a tierra húmeda indica el excelente nivel de materia orgánica que da vida a este ecosistema.

Los productores que participan del programa reciben asistencia técnica gratuita y un pago a precio diferencial. El método no tiene muchos secretos: una vez que la especie es plantada, debe recibir luz suficiente y algunas podas esporádicas.

Don Silverio da fe que este tipo de negocio es muy rentable: su última cosecha superó los 1.500 kg en una superficie de unas 18 ha de selva. La cosecha de yerba mate se realiza en fincas que cuentan con un Sello de Reserva de Biósfera, que garantiza que la materia prima se obtenga de un área ambientalmente responsable.

“El bosque me dio todo lo que tengo y mucho más, como el buen pasar que ahora gozan mis hijos; uno de ellos, incluso, es biólogo de la reserva”, cuenta Silverio. El orgulloso padre sueña con que su familia continúe con el proyecto de producción de yerba mate en el bosque. “Ellos aman la naturaleza porque crecieron aquí”, asegura.

Al favorecer el desarrollo del monte a través del cultivo de especies nativas como la yerba mate, se logra fortalecer los llamados “corredores biológicos” –que son los espacios de monte en torno de la Reserva– que permiten el intercambio de poblaciones de plantas y animales entre la Reserva y otras áreas cercanas que aún conservan su flora y fauna nativas (como la Reserva Natural Privada Morombí, que se encuentra al sur y que posee unas 30.000 hectáreas de bosque), favoreciendo así el flujo y la diversidad genética, para que las especies del Mbaracayú no queden aisladas.

El incentivo a la producción de Yerba Mate bajo monte se inscribe en el marco del proyecto de conservación de agua en la Reserva Mbaracayú, impulsada por la Fundación Moisés Bertoni con el apoyo de la Fundación Coca-Cola y la Fundación Avina. Gracias a esta iniciativa los productores de la zona se convirtieron en colaboradores activos para lograr conservar las napas subterráneas de la reserva Mbaracayú.

El cuidado del agua es un compromiso de Coca-Cola en todo el planeta. En el año 2007 la Compañía se comprometió a reabastecer para finales de 2020 cada litro de agua que utiliza en sus productos y procesos productivos a nivel global, meta que alcanzó en 2015, cinco años antes de lo previsto.