“Yo jugaba con mis compañeros bajo su sombra y ahora es mi hija quien lo hace”, relata Héctor Bogarín a Journey,  quien cuenta que al menos cuatro generaciones vieron crecer al Tatarẽ en el patio del colegio, un terreno que hace cientos de años era un cementerio.

El majestuoso Tatarẽ (Chloroleucon tenuiflorum) al que hace referencia Héctor se yergue hace más de 100 años en el predio del colegio Defensores del Chaco en el distrito de Yaguarón, departamento de Paraguarí. Con 30 metros de alto, y un tronco cuya circunferencia alcanzó los cinco metros, el ejemplar tiene una particularidad excepcional: logró unir a toda una comunidad para conseguir el primer premio en la categoría “Árbol de la gente” en la séptima edición de “Colosos de la Tierra”, realizada en 2018.

La votación puso fin a históricas rivalidades deportivas entre las escuelas y colegios de la zona: “Cuando la historia del árbol se publicó en las redes sociales, surgieron cientos de historias de exalumnos —abuelos inclusive— que recordaban lo que vivieron al lado del Tatarẽ en el colegio”, dice Héctor.

Gracias al reconocimiento de la comunidad, el Tatarẽ ganó con más de 3.800 votos a través de Facebook. El festejo, cuenta Héctor, fue increíble: “El día en el que vinieron a premiar el árbol fue una fiesta patronal… hubo desfiles de los estudiantes, una caravana de más de dos kilómetros de vehículos con el acompañamiento de bomberos voluntarios”.

Por sobre todas las cosas, la comunidad yaguaronina celebra que el árbol continúe siendo testigo del aprendizaje de niños, jóvenes, padres y abuelos. “Hasta ahora el Tatarẽ sigue dando sombra a los alumnos de la escuela Defensores del Chaco”, concluye Héctor.

La novena edición de “Colosos de la Tierra” que se celebra en 2020 convoca a 597 postulantes. Los ganadores se conocerán el próximo 30 de septiembre.

La forestación es clave para el cuidado del agua. En ese sentido, Fundación Coca-Cola y Fundación Avina apoyan el proyecto de conservación de agua en la Reserva de Mbaracayú, que lleva adelante la Fundación Moisés Bertoni. El programa se puso en marcha en el 2017 y logró el compromiso de 213 familias rurales: los agricultores reciben ayuda para mejorar la productividad de sus kokues (chacras) y la infiltración de agua de las lluvias en las napas subterráneas.  

Lo cierto es que el agua de lluvia, cuando choca violentamente contra el suelo compacta su superficie, lo que disminuye la capacidad de infiltración del agua. Lo mismo sucede por la acción intensiva del hombre y del ganado. Está científicamente comprobado que una cubierta vegetal atenúa o elimina esta acción y favorece así la infiltración del agua, reconstituyendo reservorios de agua dulce subterráneos y dificultando el escurrimiento superficial del agua.

Mediante el proyecto de conservación de agua, pequeños agricultores del departamento de Canindeyú —asentados en las proximidades de la Reserva de Biosfera del Bosque Mbaracayú— se convirtieron en colaboradores activos para lograr conservar las napas subterráneas de la reserva Mbaracayú.