“Aquí mandan las mujeres”, afirma Sonia Cáceres. Inmediatamente después y con una carcajada, la Presidenta de la Asociación de Mujeres Recicladoras Unidas del Bañado Norte (Aruban) se apresura en aclarar: “Claro que los varones también forman parte de la organización, pero, por estatuto, la Comisión Directiva tiene que estar compuesta solo por mujeres”. Las recicladoras que están a su lado también ríen. La organización reúne a unos 30 recicladores de base de uno de los barrios más vulnerables de Asunción.

Son momentos difíciles para los trabajadores del reciclaje de Asunción. Luego de la llegada del Covid-19 y de la cuarentena estricta impuesta desde marzo, dejaron de recorrer las calles. Y las empresas de acopio, que les compraban los insumos reciclables, también cesaron sus actividades. Sin embargo, nuevas oportunidades se vislumbran ante la reapertura económica.

Sonia tiene cuatro hijos, dos adultos y dos adolescentes, quienes le dan fuerza para poder salir adelante. Ella vive en Pelopincho, uno de las zonas más humildes del barrio Ricardo Brugada, conocido como la “Chacarita”.

“Salgo a reciclar con carrito a mano desde las siete de la tarde hasta las dos o las tres de la mañana, en diferentes turnos. Ahora camino el doble o el triple para poder juntar la cantidad de antes”, cuenta en conversación con Journey la Presidenta de Aruban.

Esta asociación fue una de las organizaciones beneficiadas con la entrega de kits sanitarios para los recicladores de base, una acción realizada con fondos de la Fundación Coca-Cola, impulsada por la Iniciativa Regional para el Reciclaje Inclusivo (IRR), y llevada a cabo por Soluciones Ecológicas.

Para Sonia, el valor del acompañamiento a través de estos kits no solo es sanitario sino también emocional. “En general los recicladores estamos muy olvidados por la sociedad. Estoy muy agradecida por esta ayuda”, confiesa.

Mercedes Benítez también forma parte de Aruban. Aunque reside en Limpio, a unos 30 kilómetros de Asunción, pasa la semana laboral en la sede de la organización, y vuelve a su casa cada fin de semana. Tiene tres hijos adultos que la ayudaron durante la cuarentena.

“Por la noche es donde más se recicla, pero todavía no podemos. Tenemos esperanza de que nos dejen salir a trabajar pronto porque hay muchos que tienen hijos pequeños. O en mi caso, no quiero depender de otros. Tengo muchas ganas trabajar”, relata Mercedes.

Mercedes Benítez, recicladora asociada a Aruban. 

Hacia adelante, siempre

Isidra González y Anastasio Amarilla, un matrimonio de la zona de Tablada Nueva, siempre encuentran la forma de superar los desafíos. Hace siete años se quedaron sin trabajo y decidieron comprar un motocarro para poder reciclar. Desde entonces, la recolección de reciclables de empresas y viviendas es el sostén de la familia.

Isidra cuenta que, con su marido, trabajan en equipo: ella inicia la jornada bien temprano, a las cuatro de la mañana, y se mueve por determinadas zonas de la ciudad por unas tres a cuatro horas, para luego rotar con Anastasio. Cada uno hacía dos circuitos antes de la pandemia, pero ahora solo hacen uno cada uno.

Isidra González, recicladora de Tablada Nueva y vicepresidenta de la asociación de recicladores “El Progreso”. 

“El mayor problema para nosotros es que el precio de los materiales reciclables bajó, hay poco material y se hace muy difícil mantener a nuestra familia”, narra Isidra a Journey.

Isidra es vicepresidenta de la asociación de recicladores El Progreso, que aglutina a unos 27 recicladores de base de la zona de Tablada Nueva, un barrio cercano a la Costanera de Asunción. Para ella, recibir el kit de insumos sanitarios da, sobre todo, seguridad, además de la posibilidad de ahorrar en tiempos difíciles. ¿Su sueño? Más reapertura comercial para mejorar los niveles de recolección y salir adelante.