Transformar una economía lineal en una economía circular e implementar proyectos que conduzcan hacia una cero emisión de carbono: ese el camino que deben tomar diferentes actores del planeta para hacerlo un lugar mejor. Así lo entiende Gonzalo Muñoz, cofundador de una de las empresas sociales de reciclaje más reconocidas en Latinoamérica, y que además que ha sido nombrado como Campeón de Alto Nivel de la COP25 de Cambio Climático de las Naciones Unidas.

Cada grano de arena desde el sector público o el sector privado, como también de la sociedad civil, es muy importante para un futuro más verde. Cientos de proyectos que apuntan a una economía circular para la inclusión social y para la transformación sustentable de la industria y el consumo buscan hacerse paso cada vez a ritmos más acelerados, todos en busca de cuidar el presente y el futuro del planeta.

Gonzalo Muñoz es cofundador y presidente de TriCiclos, una de las empresas sociales de reciclaje más reconocidas en Latinoamérica, en enero, y que recibió, en el Foro Económico Mundial de Davos celebrado en 2019, el premio “The Circulars” en la categoría “Dell4Good”, el mayor y principal premio a la economía circular que existe en el mundo. “El premio The Circulars nos permite ir consolidando no solo nuestro posicionamiento en la región, sino que además nos llegó de sorpresa el darnos cuenta de que nuestra propuesta de valor es única en el mundo”, destacó en el momento de ganar el galardón.

Gonzalo reflexiona en conversación con Journey cuáles son las claves para alcanzar esas metas, en la previa de su disertación sobre “Carbono Cero” en el XII Congreso de Responsabilidad Social y Empresarial de la Asociación de Empresarios Cristianos del Paraguay (ADEC).

¿De qué forma se puede transitar de una economía lineal a una economía circular en nuestra región? ¿Cuáles son los principales desafíos?

Lo primero necesario es rechazar todo concepto de residuo como algo aceptable. Parte del problema es que la lógica de los residuos es algo natural. Todo foco de emisión es algo que nos preocupa y nos ocupa. La economía circular empieza por mejorar los diseños no solo del producto, también de los modelos de negocios; de la forma cómo las personas usamos y consumimos.

Debemos romper nuestra tradición del uso de combustibles fósiles. ¿Y cómo hacemos para reducir (y reutilizar) la cantidad de elementos electrónicos o ropas que hoy en día descartamos? Esas serían las bases de los desafíos, pero también claramente las oportunidades que tenemos para la región.

¿Qué significa la “Nueva Economía de los Plásticos”?  ¿Cómo entran los envases retornables en este desafío?

La nueva economía de los plásticos surge en enero del año 2016 y nació con la inquietud de mapear la creciente contaminación plástica en los océanos. Si seguimos igual vamos a tener más plásticos que peces por volumen al año 2050, por lo tanto, tenemos que reaccionar y promover modelos de eliminación de todo plástico innecesario.

Hay una cantidad de aplicaciones plásticas que son absolutamente innecesarias y que debemos eliminar del sistema. Además, un 35% de aplicaciones plásticas que tienen un potencial de ser reusadas: ahí entran las botellas retornables de Coca-Cola, que es un ejemplo de cómo logramos salir de un material que estaba diseñado para ser descartado o con errores de diseños que impedían su reciclaje a un modelo en el cual la botella circula muchísimas veces por el sistema y está diseñado para ser recapturado por el sistema para ser reciclado.

¿Cuál es la relevancia de las alianzas público privadas para enfrentar estos desafíos?

Es clave, es absolutamente clave. Una de las consecuencias de The New Plastics Economy fue justamente un pacto con los plásticos porque allí se genera una muy buena coordinación con el gobierno. Esto permite avanzar en plazos que sean ambiciosos, pero alcanzables, que permitan movilizar a todos los actores de la economía.