Preservar la naturaleza de un parque nacional; desactivar actividades ilegales como la caza de animales; proteger la flora y de la fauna de la introducción de especies no autóctonas, de la pesca indiscriminada y de la deforestación; y la prevención de incendios por el descuido o malicia de algún visitante ocasional son algunas de las importantes funciones que cumplen todos los días los guardaparques de todo el planeta. Hombres y mujeres que ofrecen su tiempo por el bien común y el cuidado del medio ambiente.

Los guardaparques paraguayos, como sucede desde hace cinco años, festejaron el pasado 7 de febrero su día. En esa fecha se rinde homenaje al colega Bruno Chevugui, líder del pueblo Aché de Ko´e Tuvy asesinado el 6 de febrero de 2013 mientras patrullaba la Reserva Natural del Bosque Mbaracayú, en el norte del país. De esta manera, en esa jornada se aprovecha para difundir a la sociedad los pormenores, las glorias y los peligros que entraña este oficio.

Los propios guardaparques compartieron los desafíos que deben sortear cada día, durante el acto organizado por la Secretaría del Ambiente (SEAM) y la Asociación de Defensores del Chaco Pyporé, y que contó con el apoyo de la Fundación Moisés Bertoni y Coca Cola Paresa. Cazadores furtivos, cultivos ilegales o incluso enfrentamientos con lugareños son algunos de los problemas con los que conviven estos profesionales.

Alberto Armoa, uno de los guardaparques de la Reserva Mbaracayú, contó su experiencia en ese espacio natural de más de 64.000 hectáreas cercano a la frontera con Brasil. "Si faltáramos en nuestro lugar de trabajo, la reserva seguramente no existiría. Es mucha la gente que de manera inconsciente entra en los parques y se lleva plantas medicinales y tala árboles, entre otras malas acciones", contó Alberto a Journey. "Tratamos de hacer bien las cosas, y para eso ponemos lo máximo de nosotros; en la Reserva somos sólo 20 profesionales para controlar todo el lugar", destacó.

Pero esos contratiempos no empañan el orgullo de Alberto por su oficio. "Estoy muy emocionado al participar de este acto porque me gusta muchísimo lo que hago. Ser un guardaparque implica proteger y dar seguridad a la gente que visita la reserva, y esa es mi principal satisfacción", declaró.

Su trabajo dentro de la Reserva abarca desde patrullar la zona hasta hacer de guía a los turistas, pasando por el mantenimiento de los caminos e incluso garantizar la seguridad de las 120 alumnas que estudian en el centro educativo ubicado dentro de Mbaracayú. Además, los profesionales como Alberto también tienen conocimiento sobre primeros auxilios y pueden realizar distintos oficios, como el de bomberos.

"Yo quiero dejar un mensaje a la gente que vive alrededor de la Reserva para tomen más conciencia del cuidado del medio ambiente y para que protejan el entorno natural. Todo nuestro trabajo está enfocado para todos los que quieran disfrutar de estos espacios únicos", concluyó Alberto.

El 7 de febrero se rindió homenaje a las mujeres y hombres guardaparques en Paraguay.

Un mensaje que concientice

Alberto, junto a otros compañeros, recibió un diploma en el que se reconoce su labor. Ese trabajo se vio reflejado en un pequeño documento en el que hombres y mujeres guardaparques relatan su pasión por la naturaleza y por esta profesión. A la vez, se presentó el proyecto del libro "Guardaparques del Paraguay, la vida de los héroes anónimos jamás contada", que será el primer trabajo biográfico de estos guardianes de la naturaleza, que tendrá 160 páginas y estará listo para el próximo 31 de julio, cuando se celebra el día del guardaparque a nivel mundial.