En la finca de la familia Valdez, de poco más de una hectárea, predomina el verde fosforescente. En el invernadero de apenas 160 m2 que comandan José y Sebastián -padre e hijo- más de 1.800 lechugas crecen vigorosas, carnosas y fuertes.

Verde Vida nació como una historia de amor a la tierra, hace más de 30 años: Don Emigdio Valdez —el padre de José— cultivaba sus propios vegetales en este mismo predio. Esa pasión fue transmitida de generación en generación, aunque ahora utilizan el sistema hidropónico.

El término hidroponía proviene de las palabras griegas hydor (agua) y ponos (trabajo). “Con este método la planta crece a su máximo potencial porque no utilizamos tierra –los plantines se desarrollan en pequeños recipientes con sustrato de fibra de coco-, sino canales que envían soluciones nutritivas directo a las raíces. Los vegetales se concentran en hacer crecer sus hojas, todo en menos tiempo”, explica José.

Las bondades de este método, asegura José, son incontables; una de ellas es la optimización de uso del agua: se emplea un 90% menos que con la agricultura tradicional. Además, gracias a la construcción de bancadas dobles la hidroponía permite aprovechar al máximo el metro cuadrado de producción.

Otra ventaja del sistema es que acorta las distancias de distribución, posibilitando la producción en zonas urbanas, y evita el desperdicio de alimentos a lo largo de la cadena. Por otra parte, las hortalizas presentan un color y sabor distinto, y, según los Valdez, son más crujientes y nutritivas.

Es también una excelente terapia ocupacional porque contagia de vitalidad a las personas, en especial a las mayores, devolviéndoles la motivación y el sentido al trabajo, con el añadido de que pueden generar ingresos. “Con esta forma de plantío no tenemos que agacharnos ni usar asadas, porque las verduras están posicionadas a nuestro nivel”, indica José.

Verde Vida produce una considerable cantidad de hortalizas de excelente calidad y sanidad, que se vende en partes iguales a vecinos y locales gastronómicos y restaurantes.


¿Cómo funciona?

Hay muchas formas de hidroponía: Verde Vida utiliza un procedimiento llamado NFT, que por sus siglas en inglés significa Solución Nutritiva Recirculante. Emplea un tanque con bomba, que se encarga de distribuir una solución nutritiva (agua más sales minerales) hacia los canales de cultivo (tubos donde se encuentran las plantas). Dichas sales bajan y suben al tanque gracias a la gravedad, recirculando constantemente.

“Cada lechuga adulta consume entre 0,2 a 0,3 litros de agua por día, menos de lo que lo harían en tierra. Acá tenemos 1.800 lechugas en etapa final y destinamos alrededor de 500 litros por día. Como referencia, cuando nos bañamos durante diez minutos, usamos entre 200 y 300 litros de agua. El gasto diario que tenemos equivale solo a dos baños de una casa común. La utilización del agua en la hidroponía es muy eficiente”, subraya José.

Por otra parte, el clan Valdez diseñó un taller teórico-práctico dirigido a personas con interés en este sistema de cultivo, al que ya asistieron 180 personas. En las charlas, los interesados descubren las ventajas y desventajas del cultivo hidropónico, técnicas y componentes, prevención y manejo de plagas con métodos orgánicos, elección de semillas, entre otros. Además, identifican los materiales necesarios, repasan lo costos de producción y realizan cálculos proyectivos de ingresos.

“Seguiremos divulgando la hidroponía para que más personas se unan a esta forma verde de producir. Hasta la fecha conocemos unos 70 emprendimientos que siguen esta técnica y esperamos que cada vez sean más”, concluye Sebastián.

El cuidado del agua es un compromiso de Coca-Cola en todo el planeta. En el año 2007 la Compañía se comprometió a reabastecer el 100% de del agua que utiliza en sus bebidas y procesos productivos, meta que alcanzó en 2015, cinco años antes de lo previsto. Es en el marco de esta política que en Paraguay la Fundación Coca-Cola decidió apoyar el proyecto de conservación de agua de la Fundación Moisés Bertoni –que también acompaña la Fundación Avina-, que potenció a pequeños agricultores y los convirtió en un eslabón fundamental en la cadena de recuperación de los recursos hídricos del país.