Mucho más antiguos que una casa, una calle o que la fundación del país, los árboles nos proveen oxígeno y frutos, albergan vida y son parte de nuestra historia y de nuestro paisaje. El concurso Colosos de la Tierra, organizado por la ONG A Todo Pulmón con el apoyo de Coca-Cola Paraguay, busca poner en valor a estos gigantes y, de esa forma, generar conciencia en las comunidades sobre la importancia de los árboles para el medio ambiente.

Journey participó de una de las expediciones que, integradas por fiscalizadores y miembros del jurado, partieron en busca de los 21 árboles seleccionados de entre los 539 que se inscribieron en la edición 2018 del concurso. La travesía, cuyo objetivo consistía en medir el diámetro y altura de los ejemplares, terminó siendo una experiencia sin igual en la que se combinaron emoción, compañerismo y un profundo respeto por la naturaleza y su legado. En total, la caravana transitó 3000 kilómetros durante 9 días.

Unas 150 personas -entre periodistas, influencers y representantes de la ONG- abordaron las camionetas llenos de expectativas: la gran caravana partió desde la ciudad de Ñemby y visitó Borja, Mbuyapey, Obligado, General Artigas (la reserva Chopi Sa'yju), Yaguarón y Luque, ciudades donde se encontraban los árboles finalistas.

¿Qué enseñanzas nos pueden brindar los árboles de estas características? ¿Qué clase de historias cobijan sus enormes y frondosas copas? Muchas, sin duda. Cerca de estas especies centenarias se establecen vínculos directos y fraternales con las familias y comunidades involucradas en su cuidado, igual de importantes que los que mantiene un árbol con su medio natural. Los vecinos son los herederos de una pasión por el cuidado del medio ambiente y al amor por la naturaleza que viene de sus ancestros.

Este lazo entre la gente y su entorno natural fue palpable en la ciudad de Mbuyapey (Paraguari), donde la familia de Arístides Ramón Ferreira custodia un esbelto samu'u, una especie común del Chaco caracterizada por la enorme barriga de su tallo y con la que los nativos hacen canoas. “Les pedí a mis hijos que inscriban al árbol en el Concurso. Mi padre fue el que decidió hace muchos años mantener esta especie en pie en medio de la plantación y la chacra. Aprendí a cuidar la ecología y eso mismo es lo que les pido a mis hijos”, explicó Arístides.

“Nunca vi un árbol de esta especie con este tamaño en la región Oriental; es un ejemplar enorme, me llama mucho la atención”, comentó Lidia Pérez, ingeniera forestal y miembro del jurado. “Los requisitos para postular un árbol fueron que tuviera un mínimo de tres metros de circunferencia, 20 metros de altura y una gran copa”, explicó Lidia.

Se estima que este samu’u tiene más de 200 años, por lo que se estima que está en pie en Mbuyapey antes de la declaración de la Independencia de Paraguay, en 1811.

Arístides Ramón Ferreira es el guardián de un esbelto samu'u, una especie común de la región Occidental (Chaco)


Cuando pusimos proa al suedeste, visitamos en la ciudad de Obligado (Itapúa) un gigantesco yvyra pytã (madera roja) de unos 300 años de vida. La magnitud de su circunferencia era tal que se necesitaron 12 personas para medir su tronco. Andrés Morel y su familia lo bautizaron como “El Sobreviviente”, ya que es el único que sigue en pie luego de que otras especies fueran víctimas de la tala indiscriminada. En todo caso, su majestuosidad logró emocionar a algunos participantes de la expedición hasta las lágrimas,  mientras que otros buscaron contagiarse de su vigor espiritual rodeándolo con los brazos, en señal de respeto y agradecimiento.

Ahora El Sobreviviente tiene otro motivo de orgullo: fue uno de los 10 árboles ganadores del concurso. Este auténtico “coloso”, mide 30,67 m de altura, su copa se extiende a lo largo de 60,79 m y la circunferencia de su tronco es 7,60 m.

El enorme yvyra pytã, ubicado en Obligado (Itapúa) visitado por Journey fue uno de los ganadores del concurso Colosos de la Tierra.


Las comunidades también ganan

En la reserva Chopi Sa'yju, ubicada en General Artigas (Itapúa), conocimos a Guido Villalba, un joven ingeniero agrónomo que, en su tiempo libre, se dedica a recorrer su pueblo en busca de más colosos para postular al concurso.

En la edición pasada, Guido ya había postulado otro árbol, que obtuvo el segundo lugar. Hoy, el sitio donde está ese “coloso” ganador se convirtió en un punto turístico muy concurrido, gracias a la promoción de la municipalidad local.

En la reserva Chopi Sa'yju, ubicada en General Artigas (Itapúa) se erige este yvyra
pytã.


“En uno de nuestros recorridos de ecoturismo, nos pidieron conocer uno de los colosos ganadores de años anteriores, entonces vinimos aquí y nos dimos cuenta que el acceso de entrada cambió, ahora tiene un cartel muy lindo, todo para facilitar su llegada. Es así como se genera conciencia e ingresos económicos en cada comunidad. Imagínense lo que se puede lograr dentro de 10 años. Nuestro sueño es desarrollar la ruta de los colosos, para que los turistas puedan recorrer este circuito. Es fundamental la iniciativa privada y pública”, refirió Víctor Ibarrola, director ejecutivo de A Todo Pulmón.

Los ciudadanos de Yaguarón (Paraguari) recibieron a los vehículos expedicionarios con bombas, banderas y cánticos. La caravana de camionetas llegó al predio de la escuelita, donde se encuentra un voluminoso tatarê, que según los lugareños oficia como ángel protector de los niños. Este ejemplar fue elegido como El árbol de la gente, a través de una votación paralela en las redes sociales.

En Yaguarón (Paraguari), en el predio de la escuelita, se erige un voluminoso tatarê.

Participantes de la caravana posan ante un añoso timbó.

Finalmente, en Luque (Central), el último finalista convive tranquilo en la vereda de un barrio a tan solo minutos de la capital. La bienvenida fue abrumadora, el verde olivo de la enorme barriga del samu'u resplandecía con fuerza a pesar del día gris. Un centenar de niños esperaban al equipo para celebrar este encuentro. En este punto, Deborah Bareiro, la postulante del ejemplar, contó a Journey que, cuando su abuelo se había mudado a esa zona allá por los años sesenta, el árbol ya era grande y fuerte. Hoy, forma parte del vecindario y quien venda o compre la casa, debe saber que el ‘samu'u no se toca ’.

Cuando la expedición llegó a su fin, los participantes supimos con certeza que la experiencia quedará grabada para siempre como un entrañable recuerdo; el de honrar a los Colosos de la Tierra, una de las iniciativas medioambientales más conocidas de Paraguay, que prontó será replicada en el Mercosur.