Un concurso, pero a la vez, una campaña de concientización: así define Osvaldo Turlan, Director de Proyectos de la ONG A Todo Pulmón, a “Colosos de la Tierra”, que este año celebra su novena edición con el apoyo de Coca-Cola Paraguay.

“La salud está estrechamente ligada con la calidad del aire, del agua y del suelo, que están conectados con nuestros bosques. Hay que pensar que la conservación de la naturaleza es salud, el medio ambiente es salud”, sostiene Osvaldo. El vínculo entre los árboles y el desarrollo de la vida de las personas resulta evidente, y en eso se sustenta la decisión de llevar adelante el concurso a pesar de la pandemia.

“Colosos de la Tierra” premia a los árboles más grandes del Paraguay, en su mayoría especies nativas, que superen los 20 metros de altura o cuyo tronco tenga más de tres metros de circunferencia. El certamen se divide en seis categorías: el árbol más grande, el más alto, el que tiene la circunferencia del tronco más grande, el que tiene la copa más grande, el árbol más grande del Chaco y el árbol de la gente, que es el que más votos recibe a través de la red social Facebook.  

Para el Director de Proyectos de A Todo Pulmón, el corazón del concurso está en concientizar a las personas sobre el cuidado del medio ambiente no solo en el sentido de reforestar las zonas en donde se perdieron bosques, sino en evitar su destrucción. 

De acuerdo a la ONG Global Forest Watch, Paraguay perdió 6 millones de hectáreas de tierras con árboles entre 2001 y 2019, lo que representa el 25% del total de la cobertura arbórea del país. Solo en 2019 desaparecieron 314.000 hectáreas de bosques. En Sudamérica, este índice de deforestación sólo es superado por Brasil, de acuerdo a los datos de esta organización que cuenta con el apoyo de Naciones Unidas.

“La restauración de un bosque es un proceso muy difícil y muy lento. Conservar debería ser nuestra prioridad”, afirma Osvaldo. Por eso, además de los premios, la organización busca que los “colosos” ganadores puedan contar con los cuidados necesarios a futuro, trabajando con las comunidades.

Una edición diferente

En 2020 se postularon 597 árboles de todo el país con el objetivo de convertirse el nuevo coloso de la tierra. El jurado, conformado por expertos del área de conservación de bosques y de botánica de la organización A Todo Pulmón, del Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades) y de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), es el responsable de evaluar a los candidatos. Este año la tradicional expedición que recorre el país para verificar las características de los árboles tendrá la particularidad de adecuarse a las exigencias sanitarias del Ministerio de Salud. 

Los resultados de cinco categorías se conocerán el 30 de septiembre, con excepción del “Árbol de la gente”, que ya fue elegido este año a través de Facebook. El ganador es un frondoso samu’u — Ceiba chodatii, conocido como “palo borracho” — de Coronel Oviedo, departamento de Caaguazú, que obtuvo 7.596 votos. 

Un “palo borracho” de Caaguazú fue elegido como el “Árbol de la gente” a través de Facebook.

Otra de las premisas de Colosos es difundir los proyectos de sostenibilidad de los bosques a través de estrategias relacionadas a la recuperación de suelos y la reforestación. “El objetivo del concurso es conservar el bosque nativo del Paraguay, los árboles nativos. Mientras más fomentemos la participación, y mientras haya más oportunidades para los concursantes, es mucho mejor”, concluye Osvaldo. 

La forestación es clave para el cuidado del agua. En ese sentido, Fundación Coca-Cola y Fundación Avina apoyan el proyecto de conservación de agua en la Reserva de Mbaracayú, que lleva adelante la Fundación Moisés Bertoni. El programa se puso en marcha en el 2017 y logró el compromiso de 213 familias rurales: los agricultores reciben ayuda para mejorar la productividad de sus kokues (chacras) y la infiltración de agua de las lluvias en las napas subterráneas.  

Lo cierto es que el agua de lluvia, cuando choca violentamente contra el suelo compacta su superficie, lo que disminuye la capacidad de infiltración del agua. Lo mismo sucede por la acción intensiva del hombre y del ganado. Está científicamente comprobado que una cubierta vegetal atenúa o elimina esta acción y favorece así la infiltración del agua, reconstituyendo reservorios de agua dulce subterráneos y dificultando el escurrimiento superficial del agua.

Mediante el proyecto de conservación de agua, pequeños agricultores del departamento de Canindeyú —asentados en las proximidades de la Reserva de Biosfera del Bosque Mbaracayú— se convirtieron en colaboradores activos para lograr conservar las napas subterráneas de la reserva Mbaracayú.