Si cada vez que terminan las clases nos tomáramos el trabajo de revisar los cuadernos que usaron los chicos durante el año, que con seguridad terminarán en la basura u olvidados,  seguramente descubriríamos que son muchas las hojas que quedaron en blanco. Nadie repara en esas páginas que finalmente quedan sin utilizar.

Celeste Escobar -42 años, analista de sistemas y madre de una nena de cinco y un varón de 16- no era consciente de este desperdicio de papel hasta que en el colegio de sus hijos le pidieron que cada materia tuviera un cuaderno de distinto color. Y uno de ellos debía ser púrpura, un tono que es casi imposible de conseguir en las tiendas de Asunción. Por eso, decidió forrar ella misma el cuaderno con una lámina de ese color desarmando uno entero para poder trabajar mejor. Fue en ese momento, de pura casualidad, que vislumbró la idea de crear anotadores nuevos a partir de los que ya no se utilizaban más.

Celeste descubrió que en todos los cuadernos de su hijo mayor quedaban entre 10 o 15 hojas sin utilizar, un número importante si se tiene en cuenta que usualmente los alumnos usan varios cuadernos durante el ciclo lectivo. "Es decir, por cada estudiante es posible armar 3 anotadores nuevos con esas páginas que quedan en blanco. Entonces entendí que podíamos empezar un trabajo de reciclaje”, explicó Celeste a Journey en pleno proceso de clasificación de materiales en la sede de Hasta la última hoja, la Fundación que creó a raíz de su idea.

 “Hasta la última hoja” se nutre de los cuadernos usados que dona la comunidad. De esta manera, las hojas limpias son reutilizadas mientras que las páginas escritas y las tapas son recicladas industrialmente a través de una empresa dedicada al tema, que elabora el nuevo material. “Esta iniciativa propone realizar cuadernos nuevos a partir de los usados”, dijo Celeste.

Según datos de la Fundación, el costo ambiental de no aprovechar las hojas en blanco es muy alto: se estima que por cada 8000 hojas de papel de primera es necesario talar un árbol.

La iniciativa comenzó en 2013 y actualmente se trata de una acción consolidada. En una habitación de un antiguo palacete asunceño, Celeste y unos 30 voluntarios –los mismos estudiantes de los colegios donde se realizan las donaciones- separan las hojas de los cuadernos donados a través de campañas de recolección. Líneas con líneas y cuadros con cuadros es el criterio que siguen las columnas de hojas que esperan pasar por la perfiladora. Celeste corta los bordes, ennegrecidos por el uso, y se las pasa a los chicos para que las agrupen en montones para que entren en la perforadora. El resultado son cuadernos de 50 hojas con tapas personalizadas de “Hasta la última hoja” que, en sus solapas, recordarán con una leyenda a sus futuros usuarios la necesidad de aprovechar los recursos.

Una acción comunitaria

"Todos los cuadernos, sin excepción, son donados a instituciones elegidas por la comunidad a través de un formulario online en donde se postulan los colegios que más precisan de útiles escolares. Y luego se genera el contacto", explicó Celeste. Los voluntarios priorizan a los candidatos según sus necesidades y finalmente comunican el resultado a las autoridades de la escuela seleccionada. Si el número de cuadernos solicitados es inferior al de la oferta, Celeste repite el proceso y entrega los restantes al siguiente postulante en la lista de prioridades.

“Al finalizar el año lectivo, diferentes instituciones educativas se unen a la campaña como punto de recepción de donaciones, con la oportunidad de que se generen charlas con los alumnos sobre valores y el uso responsable”, destacó Celeste. En tanto, los voluntarios también se encargan de gestionar los permisos e impulsar el acopio de material con el objetivo de llevar la idea a una mayor cantidad de jóvenes. La última recolección de cuadernos se celebró un soleado sábado de enero, en el que las carpas cedidas por Coca-Cola Paresa refugiaron a los voluntarios del calor.

Mientras Celeste relata la idea y el proceso de trabajo, un grupo de voluntarios -con camiseta blanca los novatos y verdes los coordinadores-, se encargan de dar forma a los cuadernos que llegarán más adelante a algún colegio.

Los resultados de esta acción son más que positivos: hasta la fecha se entregaron 25.000 cuadernos –con casi 4000 alumnos beneficiados de 23 colegios- y, a la vez, se recuperaron 23,1 toneladas de papel reciclado. Y lo más importante: se evitó la tala de 480 árboles. “Con este proyecto proponemos nuevos hábitos, más conscientes con el medio ambiente y los desafíos que nos plantea la realidad social”, finalizó Celeste.