El proyecto de conservación de agua, impulsado por la Fundación Moisés Bertoni con el apoyo de la Fundación Coca-Cola y la Fundación Avina, trabaja junto a 213 familias que viven en las cercanías de la Reserva de Biosfera del Bosque Mbaracayú. Journey visitó el lugar y conoció de primera mano el impacto de esta iniciativa en la vida de los productores locales.

Las manos de Elvio Mendoza revelan un orgulloso origen campesino. Su tornasolada tez resplandece tanto como la asada que le brilla al hombro; aquella herramienta que, pese al desgaste propio del uso, hoy adquiere una representatividad simbólica, representativa, única.

“El trabajo en una chacra es intenso”, asegura Elvio mientras remueve la tierra húmeda y extrae una mandioca que parece superar los 20 kg. El trabajo en un huerto implica muchas horas de paciencia y trabajo duro bajo el sol.

Junto a Rosa, su esposa, y al hijo menor de ambos, Juan, Elvio participa del proyecto de conservación de agua en la Reserva de Biosfera del Bosque Mbaracayú. El programa, que lleva adelante la Fundación Moisés Bertoni con el apoyo de la Fundación Coca-Cola y la Fundación Avina, se puso en marcha en el 2017 y logró el compromiso de 213 familias rurales: los agricultores reciben ayuda para mejorar la productividad de sus kokues (chacras) y la infiltración de agua de las lluvias en las napas subterráneas.  

Elvio, hombre de saberes empíricos e inquebrantable convicción, afirma sin titubear que “el agricultor es patrón y personal, a la vez”. Es consciente de que su patrimonio proviene de su esfuerzo y del yvy pytã (tierra roja), donde la semilla encuentra un vientre fértil para convertirse en grano. Sin embargo, también es consecuente con sus actos: sabe que el rendimiento decae si no obedece las leyes de la madre naturaleza. De allí la importancia de volver las prácticas agrícolas que respetan los ciclos de la tierra.

Mediante el proyecto de conservación de agua, pequeños agricultores del departamento de Canindeyú —asentados en las proximidades de la Reserva de Biosfera del Bosque Mbaracayú— se convirtieron en colaboradores activos para lograr conservar las napas subterráneas de la reserva Mbaracayú.

“El proyecto de conservación de agua contempla un plazo de cuatro años. En la actualidad, nos encontramos en el tercer período, con un total de 300 ha cultivadas –80 ha/año–. Asimismo, el plan tiene varios objetivos: recargar los acuíferos, reducir el riesgo de contaminación de las aguas subterráneas e incrementar la producción agrícola, cambiando las antiguas prácticas de labranzas por otras generadoras de triple impacto”, explica Hugo Mora, Gerente de Desarrollo Territorial de Fundación Moisés Bertoni. El proyecto busca mejorar la calidad de la tierra por medio de cultivos de cobertura (avena negra para el invierno y mucuna para el verano), que incorporan materia orgánica en el suelo y favorecen la infiltración de lluvia. Luego, la siembra es directa.

Elvio y el resto de los productores de localidades aledañas fueron capacitados y recibieron insumos para producir en su tierra. Asimismo, obtuvieron asistencia por parte de técnicos, que tomaron muestras de suelo para su análisis. Según estimaciones, el proyecto de conservación del agua permite infiltrar 600.000 m³ de agua de lluvia por año.

La unión hace la fuerza

En lo social, el impacto es mucho mayor: los productores pueden quedarse en su finca, ya que sigue rindiendo frutos, logran optimizar su calidad de vida y continuar haciendo lo que saben y les gusta. “Hace 26 años llegué a Villa Ygatimí; aquí conocí a mi esposa y formamos nuestra familia. Con este proyecto conseguimos dos cosechas por año, somos autosuficientes y felices”, asegura Elvio, mientras abre una mazorca de avati (maíz) cuyo amarillo dorado se refleja en el sol radiante.

Despertarse y compartir el mate con su esposa, trabajar en su propia chacra y regresar a la casa feliz, con la satisfacción de haber conseguido el sustento familiar, tiene un valor multiplicado por dos, porque también está colaborando con un objetivo mayor: administrar agua a los acuíferos.

El cuidado del agua es un compromiso de Coca-Cola en todo el planeta. En el año 2007 la Compañía se comprometió a reabastecer el 100% de del agua que utiliza en sus bebidas y procesos productivos, meta que alcanzó en 2015, cinco años antes de lo previsto. Es en el marco de esta política que en Paraguay la Compañía decidió apoyar el proyecto de conservación de agua de la Fundación Moisés Bertoni, que potenció a pequeños agricultores y los convirtió en un eslabón fundamental en la cadena de recuperación de los recursos hídricos del país.