El concepto de fast fashion –ropas diseñadas y manufacturadas velozmente a las que el consumidor accede en tiempo récord y a bajo precio- comienza a perder terreno a nivel mundial frente a los nuevos modelos de producción. Su contrapartida, el upcycling -una tendencia global de moda sustentable que ya se practica en Paraguay-, propone reutilizar prendas y materiales para crear nuevos diseños.

Desde La Percha, una antigua casona ubicada en el centro de Asunción, la arquitecta y diseñadora María José Angulo brinda una segunda oportunidad a objetos usados y los convierte en prendas únicas. En este santuario de los devotos de los ‘80 y de los jeans nevados, María José se autodenomina la embajadora del upcycling en Paraguay, además de una precursora de la movida ecológica en la industria de la moda.

“El upcycling es un supra reciclaje, es la mutación de un objeto a algo totalmente nuevo mucho más sustentable. Aquí restauramos constantemente prendas de otras épocas que tienen buenos cortes. Es común descartar ropa cuando apenas se manchan sin pensar que todo tiene una solución: un vestido puede convertirse en uno de dos piezas, por ejemplo. De esta manera le damos una segunda vida a la ropa y evitamos que vaya a parar a un vertedero”, dice María José, que viste de pies a cabeza coloridos diseños de su autoría, todo reciclado.

María José pregona lo que predica y por eso viste siempre prendas recicladas


Al principio no fue fácil. María José se enfrentó a los preconceptos arraigados en los consumidores sobre la ropa usada. A las personas les costaba entender que las prendas vintage o de feria también podían ser cool. “A pesar de todo, yo insistía en rescatar ese tapado, esa camisa o ese vestido familiar. Desde chica tuve una fuerte sensibilidad hacia la naturaleza, y pienso que este es mi pequeño aporte al planeta”, explica, al tiempo que exhibe billeteras recicladas de su marca, un producto que planea ofrecer como regalos corporativos o simplemente como accesorio sustentable.

Majo obtiene su materia prima de prendas en desuso de familiares o de personas que le entregan valiosas piezas; otras veces compra en tiendas de segunda mano del exterior. Su proceso creativo no tiene límites: luego de un sondeo, las ropas pasan por un proceso de transformación parcial o total, siempre aplicando sus conocimientos en colorimetría y encuadre, conceptos aprendidos en la facultad de Arquitectura. “Cada prenda es como un miniproyecto de arquitectura, en el que puedo incluir cualquier material reciclado. Por ejemplo, una cadena puede terminar siendo una corona”, explica.

Emprendimientos con mirada social y ambiental

Al igual que María José, Maguy Servián también produce con una mirada más consciente y amigable con el medio ambiente: fabrica accesorios 100% ecológicos con palma de karanda'y.

Maguy Servián crea accesorios a partir de la fibra biodegradable llamada karanda'y.


En 2017 Maguy fundó Warany con el propósito de promover la cultura e identidad nacional, el comercio justo y la sustentabilidad. “Incorporamos al concepto de la marca una mirada social y ambiental con una meta: reemplazar las bolsas plásticas por bolsos de karanda'y, una fibra que se consigue a partir de la planta sin necesidad de talarla”, explica.

En el taller, ubicado en el barrio Jara de Asunción, se exhiben carteras, gorras y bolsas que confeccionan artesanos paraguayos y se diseñan en los estudios de la creadora. “Así colaboramos con las comunidades artesanas a través del trabajo y el comercio justo, generando ingresos dignos para sus familias. Además, ayudamos a preservar estas técnicas ancestrales y promovemos nuestra cultura y el cuidado de la naturaleza. La ventaja de estos materiales es que no contaminan, porque están hechos de fibras vegetales biodegradables”, cuenta.

Ambas emprendedoras coinciden en que el futuro de la moda deberá tener como premisa principal la sustentabilidad, un nuevo paradigma en el que los productos tendrán que conjugar la ética con la estética y considerar esquemas de producción amigables con el medio ambiente.