Australia los tiene. Canadá los tiene. Dinamarca, Finlandia y Japón también. Los Estados Unidos tienen más de 70. Entonces, ¿Por qué África no tenía ninguna planta de generación de energía a partir de residuos urbanos?, se preguntó en 2004 Samuel Alemayehu, becario de Coca-Cola.

"Cuando quisimos construir una planta de estas características en África, lo primero que me dijeron era que no se podía hacer, que sería demasiado caro", aseguró Samuel. "Hay muchas en Europa, pero nadie había hecho algo así hasta el momento en los denominados mercados emergentes."

Pero las montañas de basura que colmaban los vertederos de su Etiopía natal aparecían como un gran potencial. "Volví al lugar donde crecí y vi a niños parecidos a mí viviendo en vertederos de basura que todo el mundo ignoraba. Había allí una montaña de basura equivalente 3.040 campos de fútbol de largo y 70 metros de alto y la gente come de ahí y me pregunte qué era lo que podía hacer”.

Samuel frente al vertedero que inspiró su idea de generar energía 

Iamfinethankyou (Estoybiengracias)

 

De niño, Samuel vio a su padre encarcelado por cuestiones políticas. Su madre, una maestra, quedó sola con cinco hijos en una habitación. Cuando su familia se mudó finalmente a los Estados Unidos, Samuel comenzó la escuela secundaria incluso sin saber hablar inglés. "Creía que 'estoy bien, gracias' era una sola palabra, como en 'Iamfinethankyou', hasta que un profesor me explicó que eran cinco", recordó.

Comenzó sus estudios en un programa de ESL (inglés como segundo idioma), y  se juntaba con sus profesores para recibir clases particulares adicionales, pensando que nunca se pondría al día con sus compañeros a menos que hiciera un esfuerzo extra.

Esta forma de pensar valió la pena. Durante su último año, fue distinguido como el mejor estudiante de su escuela y compitió en las Olimpiadas nacionales de matemáticas y física. "Estoy agradecido con todos los maestros que me ayudaron", dijo. "Sin ellos, no me habría convertido en el mejor de la clase ni hubieses accedido a una beca universitaria por 20.000 dólares de Coca-Cola. Eso me ayudó a moldear el resto de mi vida. Cuando empecé mi negocio recordé cómo una organización que tiene mucho puede también devolver mucho. Eso hizo que quiera asegurarme de que las cosas que hiciera de ahí en más también tuvieran un impacto real en la comunidad".

Samuel (en el medio a la izquierda agitando un sombrero) en el Fin de Semana de los Becarios Coca-Cola 2004, en su último año de secundaria. 


Samuel asistió a la Universidad de Stanford y creó allí un programa de tutoría para estudiantes en el Boys & Girls Club con su compañero Mike Woodward.

"Emulamos un programa en aquel entonces popular de MTV, les dimos a los niños un carrito de golf destartalado y les pedimos que lo transformaran en un coche", dijo. "La clave era que tenían que saber el funcionamiento de todo lo que sumaran para mejorarloj”. Después de recaudar 20.000 dólares para las modificaciones y otras actividades, convocaron a profesores de Stanford, incluyendo a varios ganadores del Premio Nobel, para que les enseñaran todo acerca de las mejoras que querían incluir, incluyendo paneles solares, televisores y más.

Los becarios de 2004 Mike Woodward (arriba a la izquierda) y Samuel (arriba al cento) con estudiantes en un carrito de golf intervenido. 

Rompiendo el techo

Luego de graduarse, el primer empleo de Samuel fue en la industria de la telefonía móvil en Silicon Valley. Tenía la idea de ayudar a las mujeres embarazadas de África a través de mensajes de texto por medio de los cuales enviaba información sanitaria traducidos a diferentes idiomas.

Pero se topó con algunas dificultades. Frustrado, se desahogó con sus padres, y su madre le contó una historia que cambió su vida: “Una joven etíope busca desesperadamente algo afuera de su casa, y un anciano sabio le pregunta qué está haciendo. ‘Perdí mi aguja de coser dentro de la casa’, dijo. El hombre le preguntó: ‘¿Qué haces afuera?’ y ella dijo: ‘Es que está oscuro adentro’”.

"Así mi mamá me explicó que la forma en que se hacen los negocios en África es estando allí donde está el desafío, en el terreno. Tenía que identificar cuál era mi rol en todo esto", dijo Samuel. "Mi papel era romper el techo y permitir que entrara la luz. Esa aguja proverbial sólo podía ser encontrada por la señora que regresa y trata de encontrarla. ¿Cómo puedo empoderarla? No quería seguir fingiendo ser local cuando en realidad estaba en Silicon Valley. Así que, dos semanas después, empaqué y partí hacia África".


Allí ayudó a iniciar 4AFRI y LotoPhone, exitosas operaciones de servicio móvil, en más de una docena de países africanos. Mientras estaba allí vio cómo se multiplicaban y crecían los vertederos y se puso a trabajar para encontrar la forma de convertirlos en energía. Tanto le preocupaba este tema que incluso un conocido lo había agendado en su celular como “Sam Basura".

"De lo único de lo que hablaba era de lo que se podía hacer con la basura", dijo. "¿Cómo podríamos convertirla en electricidad? ¿Cuántas bombillas de luz son esas?"

La idea parecía factible. Las plantas de generación de energía a partir de residuos estaban ubicadas en todo el mundo. Pero había una razón por la que no había ninguna en África: los tipos de basura en estos vertederos la hacían demasiado caras. El plástico y el papel crean mucha energía, pero es más probable que los etíopes utilicen botellas de vidrio reutilizables que las botellas de plástico. Los vertederos no tenían suficientes materiales de alta energía para hacerlos financieramente viables.

Sin dejarse intimidar, Samuel cofundó Cambridge Industries Ltd. y continuó trabajando en su idea.

Samuel y Robert Seabrook, cofundadores de Cambridge Industries, con el render de la planta.




"Descubrimos que las instalaciones en Europa no sólo son diseñadas por ingenieros", dijo. "También están diseñadas por políticos que se centran más en el aspecto de la instalación que en lo que hace."

Trabajando junto con los ingenieros de su equipo, Samuel y su socio crearon un plan tan innovador como ambicioso y comenzaron a construir  su planta en septiembre de 2014 en la ciudad de Addis Abeba. Tres años después estaba lista y el impacto que ya generó es enorme.

Cumpliendo la promesa

La planta, llamada Reppie, no sólo recoge el 80% de la basura de la ciudad y la convierte en el 25% de la electricidad que consume Addis Abeba, sino que también creó 20.000 puestos de trabajo.


"Sé de dónde vengo, y era muy importante para mí volver y hacer algo en el lugar en el que había crecido, eso es lo que siempre quise", aseguró Samuel. "Cuando miro hacia atrás, nada de todo esto en mi vida habría sido posible sin la generosidad de personas que no me conocían. Tuve la suerte de obtener muchas becas pero a diferencia del resto, el programa de becas de Coca-Cola no discrimina ni por género, ni raza, ni nivel socio económico: sólo se interesa por la persona y sus proyectos.

"El dinero de la beca fue muy, muy útil. Pero más allá del dinero están los recursos y la validación de que lo que estás haciendo importa. Alguien pensó que iba a hacer grandes cosas y quiso ayudarme a hacerlas. Y quiero cumplir con esa promesa".

Trash to Treasure


Ahora Samuel está empoderando a otros, también. Ayudó por ejemplo a financiar el documental The Judge, ganador del Premio Peabody, que cuenta la historia de Kholoud Faqih, la primera jueza de la Corte de la Sharia en Oriente Medio.

También invierte y está asociado al movimiento Pitch & Flow, que conecta a emprendedores con empresarios en competiciones de planes de negocios que son presentados bajo el formato de una batalla de rap.

¿Y ahora, qué es lo que sigue para Samuel?

Bichos.

"Estamos investigando la posibilidad de alimentar a insectos de crecimiento extremadamente rápido con desechos de comida ", dijo. "Las moscas Soldado Negro, por ejemplo, consumen una gran cantidad de residuos de comida, crecen muy rápido y son un alimento fantástico para los pollos. Sustituyen a la soja y son más ricos en proteínas. En una instalación que cuesta alrededor de 30 millones de dólares, podemos producir ingresos por 20 millones de dólares al año mientras retiramos la basura. La visión comenzó en África, pero se está traduciendo en muchos proyectos en todo el mundo".

Tan ensimismado está con este proyecto que es muy probable que alguien ya lo haya agendado en su celular como “Sam bicho”.

La Fundación de Becarios Coca-Cola celebra y capacita a líderes visionarios que están cambiando el mundo. Con su 31ª promoción de Becarios Coca-Cola, la Fundación lleva otorgados más de 69 millones de dólares en becas a más de 6.150 jóvenes que, en conjunto, se convirtieron en una poderosa fuerza para lograr un cambio positivo.