El Yvy Marãe’ỹ —Tierra sin mal— es un lugar privilegiado, donde el maíz crece solo y los hombres son inmortales, al que se accede únicamente gracias a la práctica de la virtud. La cosmogonía guaraní propone una búsqueda incansable de ese paraíso encantado, una búsqueda que está presente en la cotidianidad de los indígenas. Esa misma indagación es la que rige la vida del arquitecto argentino Guillermo Gayo y que lo llevó a los montes paraguayos. Tras mucho andar y vivir, Guillermo encontró su propia “Tierra sin mal” en la serranía de Sapucai (Departamento de Paraguarí), donde creó lo que sería su actividad principal y su lugar en el mundo: Takuara Renda, un proyecto de arquitectura sustentable.

El camino a la cima del Cerro Rokê asciende por una pasarela traicionera para los que nos son habitués del lugar. Los tajy y los yvyra pytã ofician de grandes karaikuera (señores) protectores de la tierra, y sus fuertes raíces mantienen seguras las piedras evitando que los conductores caigan al vacío. Allí, a más de 400 metros de altura, Guillermo desarrolló un hábitat orgánico bajo la premisa de la bioconstrucción y la permacultura.

Todavía se puede sentir en el rostro la humedad de la lluvia de la mañana. En este lugar los sentidos se despiertan y es posible oler las hierbas y la tierra mojada. Portones hechos de takuaras (caña de bambú), abiertos de par en par dieron la bienvenida al equipo de Journey a Takuara Renda.

Este paraíso escondido es una máquina ecológica que consume y expulsa materia orgánica todo el tiempo. Las casas están hechas de bambú y por eso no logran diferenciarse de los árboles, y su arquitectura respeta el principio de que en la naturaleza no existen ángulos rectos.

En uno de los bungalós de Takuara Renda, donde se refugia una vez por semana, Guillermo recibe a Journey para compartir los detalles de este proyecto que comenzó con un cuestionamiento personal. “¿Cómo construimos las casas?, somos el único animal que nace sin saber cómo tiene que hacer su propio hábitat. Fue entonces cuando descubrí que debía construir un espacio que creciera junto con el monte”, se dijo.

Cuando Guillermo llegó a este predio de 28 hectáreas la zona estaba en terapia intensiva: un incendio había arrasado con el bosque y el agua escaseaba. “Nuestro planteo básico en ese momento fue: ‘tratemos de ver si podemos producir algún alimento en este lugar que todavía tiene un poco de vida’”, cuenta el arquitecto.

El bambú es el material que utiliza Guillermo en sus construcciones sustentables. 

En diciembre de 1999 la iniciativa se concretó en una propuesta de asentamiento humano autosuficiente en un medio rural, donde recolectan agua de lluvia, producen energía y alimentos. El primer paso fue rehabilitar las tierras degradadas, recuperar el monte para producir alimentos y, posteriormente, utilizar el bambú como recurso para la construcción sostenible.

“Introdujimos especies, como el bambú, porque sabíamos que tenía condiciones de adaptación y lo plantamos cerca del ylua (manantial). Esos pasos iniciales fueron muy importantes para entender que no debíamos intervenir hasta estar seguros de los resultados”, sostiene Guillermo.

Según explica Guillermo, las takuaras ayudan al control de la erosión del suelo y la captación del agua: “Ese es el capital que tiene hoy este lugar. Tenemos un gran volumen de agua captada todo el tiempo gracias a las takuaras y a las aguas superficiales que se filtran en los techos verdes de nuestras casas, que van a parar a los tanques. Este recurso se utiliza para el consumo, para el riego y todo lo que se pueda imaginar”, dice el arquitecto, mostrando las singulares casas construidas con bambú, barro y vidrio reciclado, todo sin alterar el paisaje, concepto básico de la permacultura y la bioconstrucción.

una de las casas con techo verde, que permiten llevar el agua a los tanques.

El tanque donde llega el agua de las lluvias que se filtra en los techos verdes y que se usa para consumo y riego.

En la actualidad, Takuara Renda es un referente nacional en bioconstrucción, permacultura y alimentación saludable. Hasta allí llegan entusiastas de todo el mundo personas en busca de cursos y talleres ecológicos. Asimismo, ofrece asesoramiento sobre arquitectura sustentable y vende utensilios de bambú, como bombillas y cubiertos. A medida que Journey recorre el lugar, el modelo de arquitectura sustentable sorprende por la facilidad con que se une con el entorno.

El taller en el que trabaja Guillermo.

Guillermo encontró su lugar en el mundo en Sapucai.