Mburikao, la conmovedora guarania de José Asunción Flores, suena en la mente de los más de 1.000 voluntarios distribuidos a lo largo de los 14 kilómetros de extensión del arroyo homónimo, reunidos para recuperar los cauces hídricos contaminados del Mburicaó y concientizar sobre la problemática de la disposición final de residuos sólidos urbanos. La campaña, lanzada por la Oficina de la Primera Dama y el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible con el apoyo del PNUD y de organizaciones civiles y de Coca-Cola de Paraguay –que además instaló dos puestos de hidratación-, reunió a voluntarios y vecinos en 12 puntos estratégicos del arroyo.

El paisaje a las 7 de la mañana era desolador: la montaña de basura amontonada en la desembocadura del Mburicaó con el río Paraguay dejaba sin aliento a los presentes. Sin embargo, el entusiasmo de los voluntarios daba un toque de esperanza a la triste escena.

“En el país, una persona genera casi 350 kg de residuos sólidos al año. La cuestión es qué hacemos y cómo los gestionamos; ahí el pilar fundamental es la concientización. Aplaudimos esta iniciativa, impulsada por sectores públicos y privados, con el acompañamiento de Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), para dar soluciones a largo plazo y que sean sostenibles para el medio ambiente e inclusivas socialmente. Debemos trabajar en la reducción, reutilización y reciclaje”, expresó Alfonso Fernández de Castro, representante residente adjunto del PNUD, durante la minga ambiental.

Andrea Ferreira, licenciada en Ciencias Ambientales, miembro del grupo Plasti-co y activa participante de la gesta ambiental, explicó: “En esta playa las aves migratorias bajan a alimentarse y si destruimos esta ruta podríamos contribuir con la extinción de algunas especies. Si nos proponemos entre todos a tomar acciones tan simples, como sacar la basura los días que corresponde, categorizarlas para ayudar a los recicladores, ir al súper con bolsa de tela y evitar pagar recolecciones clandestinas, podríamos recuperar la salud de las aguas”, expresó la voluntaria.

Elias Gastón, unos de los miles de voluntarios de la minga, pasó del desánimo a la esperanza. “Esta experiencia te abre los ojos sobre lo que hacemos todos los días: cualquiera tira residuos sin pensar lo difícil que es juntarlos después. Al principio nos frustramos un poco, pero enseguida vimos el lado positivo: la cantidad de gente que vino a limpiar es impresionante, eso te da esperanzas”.

Luego de una intensa limpieza, al mediodía el paisaje era otro. Según datos publicados por el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADES), ese día se acopiaron 43 toneladas de basura, en su mayoría residuos sólidos, que en un 90% corresponde a desechos domiciliarios. Un resultado que da cuenta de que la concientización ciudadana es una urgente necesidad.

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