Anastasio Méndez llegó a Primero de Marzo, una comunidad de Choré, en la década del ’70. Allí compró 110 hectáreas de tierra, entre ellas 7 de bosque virgen. Inmediatamente quedó impactado por un Timbó que se imponía sobre los demás árboles por su majestuosidad. La historia cuenta que Anastasio tenía el don de lo que en guaraní se conoce como arandú ka’aguy, la sabiduría del campo.

“Él quería mucho a ese bosque y había pedido a sus hijos y nietos que nunca se toque nada allí, que no se talen los árboles, porque ese iba a ser el pulmón de su campo. Él siempre decía que ese árbol, el Timbó, iba a ser famoso”, narra Ariel Viñales, uno de los nietos de Anastasio, en conversación con Journey.

La profecía se cumplió: el frondoso Timbó (Enterolobium cortontisilicuum), de 42 metros de altura y una copa de 80 metros de circunferencia, se hizo conocido por todos cuando en 2016 ganó el segundo puesto en la quinta edición del concurso “Colosos de la Tierra”, promovido por la ONG A Todo Pulmón con el apoyo de Coca-Cola Paraguay. El certamen premia a los árboles más grandes de Paraguay, en su mayoría nativos, que superen los 20 metros de altura o cuyo tronco tenga más de tres metros de circunferencia. Además de servir como plataforma para dar a conocer la riqueza de la naturaleza paraguaya, el concurso busca concientizar sobre la importancia de la forestación.

“Mi abuelo ya no estaba con nosotros y decidimos, con la familia, postularlo en su memoria”, añade Ariel al tiempo de recordar su infancia en medio del bosque sampedrano. “El árbol fue siempre el centro de atención de la familia. Cuando íbamos al bosque siempre teníamos que hacer el ‘tour del árbol’ y acostarnos en el suelo con la cabeza pegada a las raíces para recobrar energías”, recuerda Ariel.

El enorme Timbó custodia hace más de 100 años un bosque virgen en Choré, San Pedro; y Ariel Viñales, uno de los nietos de Anastasio, el custodio de esta imponente especie. 

Meses después de haber ganado el concurso, una fuerte tormenta provocó el desprendimiento de una gran rama. Pero el Timbó sigue allí, monumental entre tantos otros árboles. “Siempre decimos que el árbol es una analogía de nuestra familia porque pese a las dificultades que puedan presentarse, las raíces y el tronco siempre están. Cuando mi abuelo falleció nos costó bastante recuperarnos, pero seguimos adelante. Duele, pero luego, con la fuerza de todos, volvemos a levantarnos”, afirma Ariel.

“Mi familia sigue adelante y se apoya. Ahí está el gran legado que abuelo nos dejó: el amor a la naturaleza. Él amaba a su árbol y a su bosque, y para él la familia lo era todo”, finaliza.

La novena edición de “Colosos de la Tierra” que se celebra en 2020 convoca a 597 postulantes. Los ganadores se conocerán el próximo 30 de septiembre.

La forestación es clave para el cuidado del agua. En ese sentido, Fundación Coca-Cola y Fundación Avina apoyan el proyecto de conservación de agua en la Reserva de Mbaracayú, que lleva adelante la Fundación Moisés Bertoni. El programa se puso en marcha en el 2017 y logró el compromiso de 213 familias rurales: los agricultores reciben ayuda para mejorar la productividad de sus kokues (chacras) y la infiltración de agua de las lluvias en las napas subterráneas.  

Lo cierto es que el agua de lluvia, cuando choca violentamente contra el suelo compacta su superficie, lo que disminuye la capacidad de infiltración del agua. Lo mismo sucede por la acción intensiva del hombre y del ganado. Está científicamente comprobado que una cubierta vegetal atenúa o elimina esta acción y favorece así la infiltración del agua, reconstituyendo reservorios de agua dulce subterráneos y dificultando el escurrimiento superficial del agua.

Mediante el proyecto de conservación de agua, pequeños agricultores del departamento de Canindeyú —asentados en las proximidades de la Reserva de Biosfera del Bosque Mbaracayú— se convirtieron en colaboradores activos para lograr conservar las napas subterráneas de la reserva Mbaracayú.