Los árboles son indispensables para la vida en la tierra; por ese motivo, cuidarlos y evitar la pérdida de especies amenazadas es una tarea de todos. Marcos Ortiz dedica su vida profesional a esa misión: pronto será ingeniero forestal y está convencido de que preservar los recursos forestales del país es una prioridad.

Su respeto por medio ambiente va más allá de una pasión teórica: cada mañana, Marcos se encarga del cuidado de cientos de plantines de especies nativas en peligro de extinción, en el vivero escuela de la ONG A Todo Pulmón, Paraguay Respira, ubicado en el parque Ñu Guasú -un área verde de 25 hectáreas ubicada en Luque-, en donde trabaja como coordinador del emprendimiento. A Todo Pulmón es responsable de la acción “Colosos de la Tierra”, que cuenta con el apoyo de Coca-Cola de Paraguay.

Al mismo tiempo que prepara el compost, Marcos recuerda cómo surgió la idea del vivero: “En 2009 la organización lanzó una campaña para plantar 14 millones de árboles en el país, en un área aproximadamente de 15 hectáreas. Este lugar se inauguró en 2014 justamente para proveer plantas a las iniciativas de reforestación. Aquí sólo producimos árboles nativos en peligro de extinción”.

Otro de los objetivos del proyecto es que quienes visiten este espacio puedan aprender sobre las especies forestales del país y cómo protegerlas. “Este es uno de los pocos viveros donde la gente puede plantar, cargar las macetas y acompañar el crecimiento de un árbol desde que es una semilla hasta que alcanza los 20 o 30 metros de altura. Aquí les hablamos del valor de la conservación de los recursos naturales”, comenta Marcos.

Además de brindar valores naturales y riqueza patrimonial y cultural, los ejemplares endémicos ayudan a mantener la calidad del agua, interceptan la lluvia y la infiltran, regulando el flujo de las aguas de superficie y subterráneas. También evitan los desprendimientos de tierra, inundaciones y sequías, e impiden la desertificación y la salinización.

Actualmente, en el vivero escuela se siembran diferentes especies, tanto exóticas como frutales: lapacho, yvyra pytã, curupay kuru, samu’ u, yvyraro, níspero, palo piedra, casita, manduvirá, tatare, guatambú, entre otras.

Marcos, en pleno cuidado de los plantines. 

Una tarea que nunca termina

La actividad en el vivero es incesante: se deben limpiar las macetas, colocar los plantines según el tamaño para que a todos les alcance el sol, y podar y regar para estimular el crecimiento saludable de las plantas. Marcos comparte las tareas con Carlos Gómez, asistente del vivero, y entre ambos se ocupan de comprar macetas y semillas, e identificar los ejemplares que se encuentran en el parque. “Tenemos establecido dónde, cuándo y cómo podemos recolectar las semillas. Por otro lado, contamos con un programa de voluntariado, con capacitaciones de almacenamiento y siembra”, explica Marcos.

El manejo de un invernadero exige compromiso pero no todo es un lecho de rosas; las cosas pueden complicarse de un momento a otro, como cuando surge un brote de plagas. “Si se detectan enfermedades, evaluamos, buscamos soluciones alternativas, pero nunca usamos productos químicos para proteger a los plantines. En el caso de los hongos, elaboramos una solución que lleva ajo y cebolla”, revela el experto, y asegura que esta mezcla puede ser usada también en los jardines de nuestras casas.

El vivero del parque Ñu Guasú cuenta con un programa de adopción de plantines, gracias al cual los visitantes pueden llevarse hasta diez plantines en forma gratuita, siempre y cuando asuman el compromiso de hacerles un seguimiento y se suscriban en la página web de la ONG.

Los visitantes observan las especies, preguntan por ellas, aprenden secretos para cuidarlos e investigan si es posible llevar algunos de estos ejemplares al parque de sus casas. Son testigos de un verdadero viaje sustentable. Todos reciben consejos sobre procesos de siembra y manejo y control de almácigos, y capacitaciones sobre lombricultura y compostaje. Como Marcos, están comprometidos a convertirse en parte del cambio.

Los árboles no sólo son imprescindibles para el cuidado del medio ambiente. También son parte de la vida de varias personas, como la de Don Armín, un morador del distrito guaireño de Borja que se convirtió en el custodio de un ejemplar -único de la especie nativa kurupa'y kuru-, que fue elegido como finalista del concurso “Colosos de la Tierra”.

Algunos de los plantines que se cultivan en el vivero. 


Si querés conocer el proyecto “Colosos de la Tierra”, mirá acá.