Horas antes de celebrar la Nochebuena, la explanada frente a la Municipalidad de Asunción se fue cubriendo con miles de tapitas de plástico de bebidas, que llegaban de a una o en bolsas gigantes. Se trató de la última colecta del año organizada por la Fundación Lucha, una ONG que, a través del acopio y el posterior reciclado de tapitas, colabora con cuatro albergues en los que se hospedan niños de escasos recursos durante todo su tratamiento oncológico y que provienen, en su mayoría, del interior de Paraguay.

La iniciativa, que cuenta con la colaboración de Coca-Cola Paresa – su Comité de Sustentabilidad coordina la recolección de tapitas en todas las oficinas de la planta para su posterior entrega a la Fundación-, resultó un éxito: familias enteras se acercaron al lugar para entregar las tapitas recolectadas en el hogar, algunas  a bordo de camionetas cargadas de bolsas repletas para donar.

Guisela Dancuart, cofundadora y una de las voluntarias de Lucha, explica a Journey que este tipo de acciones se realizan con mucho éxito en casi todo el mundo, y destacó que la misión –que la Fundación replica en Paraguay- es doble: "Lo más importante es fomentar la cultura del reciclaje y, al mismo tiempo, transformar esa actividad en ayuda para personas que lo necesitan".

El resultado de la última acción de año no pudo ser mejor: se juntaron 9.000 kilos de tapitas de plástico –el total acopiado en 2017 fue de 33.584 kilos-, que luego se vendieron a las empresas recicladoras. Con ese dinero, Lucha comprará útiles y elementos necesarios para el día a día de las casas de acogida, en las que viven unos 50 niños. Esa dinámica es el secreto del éxito de la propuesta de la organización.



Un ecosistema solidario

Lucha nació en 2007, cuando un grupo de jóvenes voluntarios se propuso mejorar la calidad de vida de los niños y sus familias por medio de acciones solidarias. Ellos son Guisela (30 años y licenciada en Relaciones Internacionales), Diego Viola (33, psicólogo y especialista en Psicooncología) y Nelly Velazco (29 y estudiante de Ingeniería Química).

“Desde el inicio nos convertimos en grandes amigos. Creamos Lucha a partir de un episodio doloroso de Diego con un familiar que tuvo que realizarse una operación en Italia. Allí tuvo la oportunidad de conocer un albergue para pacientes con cáncer”, recuerda Guisela.

“Al regresar a Paraguay, Diego quedó con la duda de si en nuestro país existían este tipo de casas de acogida, y descubrió algunas. Emprendimos una acción durante un Día de Reyes. Después de esa visita nos volvimos a reunir y decidimos que queríamos involucrarnos más,  y así empezamos a conocer otros albergues. Nos conectamos con los niños, sus familias, los directores. Ese fue el comienzo de todo”, indica Guisela.

En 2012 hubo una vuelta de tuerca en las acciones emprendidas por Lucha: “Empezamos a juntar tapitas en la empresa en que trabajaba en esa época; a partir de ahí, se unieron los colaboradores y sus familias, y empezó a correr de boca en boca, en colegios, en otras empresas y fundamentalmente en las redes sociales”, explica.

Guisela se muestra feliz por la evolución de este tipo de acciones en Paraguay. “Queremos conseguir que las personas de manera automática guarden las tapitas y no las desechen. Lo más importante es que puedan ser utilizadas nuevamente con una finalidad tan noble como el ayudar a otro. Afortunadamente, contamos con puntos de colecta en diferentes ciudades gracias a empresas, universidades, colegios, familias, e instituciones públicas”.